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06/01

Nieve negra, emisiones y gripe aviar: cómo los cruceros antárticos perjudican más de lo que ayudan

Los cruceros de lujo han hecho que el destino sea accesible a una mayor variedad de personas y ahora es una aventura que muchos desean hacer en el futuro. Existen regulaciones que controlan la frecuencia, la duración y la cantidad de huéspedes que visitan cualquier sitio de la región, y no se permite que más de 100 personas desembarquen en un sitio a la vez.

El turismo antártico ha experimentado un auge. En 2024, 122.000 personas viajaron a la Antártida, un aumento enorme respecto de los 44 mil visitantes registrados en 2017.

Un artículo de EuroNews advierte que la gran mayoría de los turistas que viajan con la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártica (IAATO) llega en crucero. Solo el uno por ciento lo hace en avión. «Los cruceros de lujo han hecho que el destino sea accesible a una mayor variedad de personas y ahora es una aventura que muchos desean hacer en el futuro. Existen regulaciones que controlan la frecuencia, la duración y la cantidad de huéspedes que visitan cualquier sitio de la región, y no se permite que más de 100 personas desembarquen en un sitio a la vez», sostiene el medio europeo.

Muchos barcos de lujo con más de 200 pasajeros realizan más de un desembarco al día.

Los conservacionistas afirman que el aumento del tráfico turístico ya está teniendo un impacto en la Antártida. Investigadores de la Universidad de Santiago, dice EuroNews, han descubierto que el cegador paisaje blanco helado del continente se está volviendo negro. La nieve que rodea los lugares de desembarco de turistas y las estaciones de investigación se ha vuelto más oscura cada año, producto del carbono negro producido por los barcos, helicópteros, aviones, camiones y generadores diésel que los humanos traen a la Antártida.

La nieve más oscura significa que la nieve se derrite más rápido. Los investigadores calculan que cada visitante hace que la Antártida pierda alrededor de 83 toneladas de nieve. Los investigadores traen más vehículos, por lo que sin duda tienen un mayor impacto, pero los turistas también se suman al problema.

Las emisiones de carbono de los cruceros también son un problema. El viaje turístico medio a la Antártida produce 5,44 toneladas de emisiones de CO2 por pasajero, ó 0,49 toneladas por pasajero y día. Todo ello contribuye al calentamiento global, que provoca el aumento de las temperaturas en el continente. Sólo este año, los científicos observaron una ola de calor donde las temperaturas alcanzaron 10 °C por encima de la media.

También existe el riesgo de que especies no autóctonas se introduzcan en la ropa de los pasajeros y de que los grupos de turistas perturben la vida silvestre cuando realizan visitas. Estos ecosistemas, que ya se encuentran amenazados por el cambio climático, ahora están cediendo ante la presión del creciente turismo.

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