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18/04

Economía de la naturaleza: identifican 50 oportunidades de inversión por más de US$10 billones

Un reporte del Foro Económico Mundial, con Oliver Wyman, plantea que la transición hacia el "nature-positive" se puede convertir en una de las mayores oportunidades económicas globales. Claro que hoy existe una fuerte desalineación entre flujo de capital y necesidades de inversión en soluciones basadas en la naturaleza.

La relación entre economía y naturaleza está entrando en una nueva fase. Ya no se trata únicamente de conservación o mitigación de impactos, sino de reconfigurar los modelos productivos en torno al valor económico de los ecosistemas. Esa es una de las principales conclusiones del informe “50 Investible Opportunities for a New Nature Economy”, elaborado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Oliver Wyman.

El reporte plantea un giro conceptual relevante: la naturaleza deja de ser vista exclusivamente como un activo a proteger para pasar a ser un eje estratégico de generación de valor económico, resiliencia y competitividad empresarial.

Un desbalance crítico en los flujos de capital

Uno de los puntos más contundentes del informe es la brecha entre inversión y necesidad.

Actualmente, más de US$7 billones se destinan a actividades que impactan negativamente a la naturaleza, mientras que apenas US$220 mil millones se invierten en soluciones basadas en la naturaleza.

Esta diferencia refleja una profunda desalineación del sistema financiero global, que sigue privilegiando modelos productivos intensivos en recursos naturales por sobre alternativas regenerativas o sostenibles.

El diagnóstico es claro: aunque los líderes empresariales reconocen cada vez más que actuar sobre la naturaleza puede generar resiliencia y nuevas oportunidades, el capital aún no acompaña ese cambio.

Una oportunidad económica de escala global

Más allá del diagnóstico, el informe pone el foco en el potencial económico de la transición.

La economía “nature-positive” representa una oportunidad de US$10,1 billones, posicionándose como uno de los mayores vectores de crecimiento para las próximas décadas.

Sin embargo, el documento advierte que gran parte de ese valor sigue sin capturarse. Esto se debe, en parte, a que el financiamiento de la naturaleza ha estado históricamente asociado a la conservación y restauración, sin integrar suficientemente las cadenas de valor productivas.

En ese sentido, el informe propone ampliar el enfoque hacia el financiamiento de cadenas de valor completas que generen impacto positivo en la naturaleza, incorporando sectores productivos tradicionales.

 

50 oportunidades en 13 sectores

El documento identifica más de 50 oportunidades de inversión, distribuidas en 13 sectores clave de la economía, seleccionadas por su capacidad de generar impacto positivo en la naturaleza y, al mismo tiempo, rentabilidad o ahorros de costos.

Entre los que se encuentran:

  • Agricultura, alimentos y forestal.
  • Energía.
  • Minería.
  • Transporte y logística.
  • Tecnología.
  • Materiales de construcción.
  • Moda y textiles.
  • Gestión de residuos.
  • Metales y acero.

Las oportunidades abarcan desde soluciones ya conocidas, como la agricultura de precisión o la gestión eficiente del agua, hasta innovaciones emergentes como:

  • Recuperación de nutrientes en aguas residuales.
  • Reciclaje avanzado de materiales.
  • Uso de inteligencia artificial en exploración minera.
  • Tecnologías de economía circular en plásticos.
  • Infraestructura urbana verde
Del discurso a la estrategia financiera

El reporte también enfatiza el rol del sistema financiero como catalizador de esta transformación.

El objetivo es doble: Cumplir metas de sostenibilidad, generar retornos financieros competitivos

Más allá de las cifras, el mensaje de fondo es estructural. La transición hacia una economía basada en la naturaleza implica redefinir cómo se crea valor, cómo se asigna el capital y cómo se mide el desempeño empresarial.

Este cambio no solo responde a la crisis ambiental, sino también a una lógica económica: los modelos actuales están generando riesgos sistémicos, desde pérdida de biodiversidad hasta interrupciones en cadenas de suministro, que pueden afectar directamente la estabilidad de los negocios.

¿Y América Latina?

El documento no hace referencias específicas a Chile, pero su contenido es particularmente relevante para América Latina. La región concentra una parte significativa del capital natural del planeta, bosques, biodiversidad, recursos hídricos y minerales críticos, lo que la posiciona como un actor clave en esta transición.

Sectores como la minería, la agricultura y la energía, todos relevantes en Chile, aparecen directamente mencionados entre los focos de inversión del informe, lo que sugiere oportunidades concretas para el desarrollo de modelos productivos más sostenibles.