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20/05

ESG bajo la lupa: OCDE revela falencias y riesgos en la industria de los ratings de sostenibilidad

El informe advierte sobre las brechas, inconsistencias y riesgos en las métricas ESG utilizadas por las principales agencias de rating. Acusa que la dependencia de indicadores cualitativos y la falta de comparabilidad podrían distorsionar inversiones y políticas públicas.

La industria de los ratings ESG debe evolucionar hacia métricas más comparables, cuantitativas y orientadas a resultados reales. De lo contrario, el riesgo es que los ratings se conviertan en un espejismo de sostenibilidad, más útil para cumplir con requisitos formales que para guiar a las empresas y a los inversionistas hacia un futuro realmente sostenible.

Así de tajante es el reporte elaborado por la OCDE como aporte al G20 Sustainable Finance Working Group, «Behind ESG Ratings, Unpacking sustainability metrics», que desmenuzó más de 2.000 métricas utilizadas por ocho de los mayores proveedores globales de datos ESG, que cubren más del 80% del mercado global.

El diagnóstico es claro: existen importantes brechas, divergencias metodológicas y una preocupante dependencia de indicadores que miden más las intenciones que los resultados.

Grietas en la base de las métricas

Mientras áreas tradicionales como gobierno corporativo, ética empresarial y gestión ambiental cuentan con más de 20 métricas en promedio, cuestiones emergentes como biodiversidad, resiliencia o relaciones comunitarias apenas superan las cinco, e incluso en algunos casos, como derechos humanos y corrupción, no figuran en ciertos productos de rating.

La falta de cobertura genera «puntos ciegos» que pueden dejar fuera riesgos materiales para las empresas y la sociedad. «No se puede asumir que más métricas equivalen a mejor medición, pero una cobertura mínima puede invisibilizar impactos relevantes», advierte el informe.

Comparabilidad en entredicho

El análisis sentencia que las diferencias entre agencias son profundas: un proveedor puede usar 113 métricas para evaluar un gobierno corporativo, mientras otro solo 4. En emisiones de gases de efecto invernadero, el rango va de 1 a 47 métrica
Esta disparidad refleja metodologías dispares y falta de consenso sobre qué constituye realmente un buen desempeño. El riesgo, señala la OCDE, es que estas divergencias afecten tanto la credibilidad de los ratings como la capacidad de los inversionistas de asignar capital hacia proyectos alineados con los objetivos de sostenibilidad.

El peso de lo cualitativo sobre lo cuantitativo

Otro hallazgo central es que el 68% de las métricas son de insumo (input-based), es decir, se enfocan en políticas, planes o actividades declaradas por las compañías. Apenas un 30% mide resultados (outputs) y solo un 17% corresponde a métricas cuantitativas verificables

Esto abre espacio a lo que la OCDE describe como un «tick-boxing approach»: cumplir con requisitos formales sin necesariamente avanzar en acciones efectivas de mitigación de riesgos o generación de impactos positivos. La consecuencia es que las grandes multinacionales, con más capacidad de reportar y diseñar políticas, pueden obtener mejores puntajes que las pymes, incluso sin demostrar resultados tangibles.

Due diligence: la gran ausente

El informe también concluye que los ratings no logran reflejar adecuadamente los estándares de debida diligencia en conducta empresarial responsable establecidos por la propia OCDE. Menos del 5% de las métricas analizadas están directamente vinculadas a medidas de debida diligencia basadas en riesgos. En la práctica, la mayoría de las agencias se limita a usar «controversias» como indicador de incumplimiento, sin evaluar la calidad ni la efectividad de los procesos empresariales para prevenir impactos.

Además, solo un 7% de las métricas revisa la gestión de riesgos en la cadena de suministro, un aspecto clave en sectores como el textil, la minería o la alimentación.

Implicancias para políticas y mercado

La OCDE advierte que estas debilidades pueden afectar tanto a inversionistas como a reguladores. Para los primeros, por la falta de comparabilidad y la dependencia de métricas cualitativas que puede llevar a decisiones mal informadas y a la asignación ineficiente de capital. Para los segundos, por la dificultad de seguimiento de políticas públicas y monitoreo de compromisos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible o el Acuerdo de París.

Aquí puedes leer el documento completo.