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20/08

Ola de calor en países nórdicos revela vulnerabilidades en la región más fría de Europa

La ola de calor de julio de 2025 en Noruega, Suecia y Finlandia dejó récords históricos de temperatura, muertes por ahogamiento, hospitales sobrecargados e incendios forestales en Laponia. Un análisis científico confirma que el cambio climático hizo el evento al menos diez veces más probable y 2 °C más intenso.

En Namsskogan y Gartland (Noruega) las temperaturas superaron los 30 °C durante 13 días seguidos, mientras que en Ylitornio (Finlandia) el termómetro se mantuvo sobre 25 °C durante 26 días consecutivos, algo nunca visto tan al norte de Europa.

El calor, que coincidió con la temporada de vacaciones nórdica, presionó a un sistema de salud con menor personal disponible y sin infraestructura de enfriamiento adecuada, advierte un informe de la ONG World Weather Attribution, que denunció  28 muertes por ahogamiento en Finlandia, 31 en Suecia y 8 en Noruega, según reportes de medios locales. A ello se sumaron hospitales sobrecalentados, emergencias por deshidratación y un aumento de la mortalidad en poblaciones vulnerables.

La vida silvestre tampoco escapó a la crisis. Renos desorientados llegaron a pueblos y túneles buscando agua y sombra, y se registraron muertes en Finlandia. Además, los suelos secos y la vegetación favorecieron incendios forestales en toda la región, incluso en Laponia. Las altas temperaturas también impulsaron floraciones de algas nocivas en el mar Báltico y en lagos finlandeses, amenazando el agua potable y la recreación.

Un análisis internacional concluyó que el cambio climático antropogénico aumentó el calor extremo en aproximadamente 2 °C, señala el informe y en el clima actual (ya 1,3 °C más cálido que en la era preindustrial), olas de calor de esta magnitud tienen un tiempo de retorno de 50 años, pero serían extremadamente raras en un clima más frío. Las temperaturas nocturnas, que se incrementaron 2 °C adicionales, tienen ahora 33 veces más probabilidad de ocurrir.

Las proyecciones son aún más preocupantes: con otro 1,3 °C de calentamiento global hacia fines de siglo, se estima que olas de calor como la de 2025 serán cinco veces más probables y todavía más intensas, detalla.

El evento también evidenció debilidades estructurales en la infraestructura nórdica, diseñada para el invierno. Muchas escuelas, hospitales y centros de atención carecen de sistemas de refrigeración o sombreado. Aunque el uso de bombas de calor (que sirven para calefacción y enfriamiento) está creciendo, la adaptación sigue siendo insuficiente.

Pese a las mejoras en la planificación de riesgos desde 2018, la ola de 2025 demostró que la coordinación entre municipios y actores privados sigue siendo insuficiente. La experiencia dejó una lección clara: el norte de Europa, históricamente protegido por el frío, se enfrenta cada vez más a los riesgos del calor extremo.