entrevista
26/09

Pablo Allard: «Santiago tiene todo para ser una de las ciudades con mejor calidad de vida del mundo»

El decano de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo proyecta el Santiago del 2050: más verde, más equitativo y con oportunidades cercanas a las personas. Sin embargo, advierte que los tiempos urbanos no coinciden con los ciclos electorales y las ciudades hay que pensarlas con visión de largo plazo.

Pese a los desafíos de inequidad y cambio climático, el decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo, Pablo Allard es optimista. Con una esperanza fundada en avances tecnológicos, políticas públicas y una planificación integral, considera que Santiago puede consolidarse como una de las mejores ciudades para vivir en Latinoamérica y, potencialmente, en el mundo.

«Tenemos todo para ser una de las ciudades con mejor calidad de vida del planeta», sentencia el experto. En esta entrevista con ESGHOY lo invitamos a mirar el Santiago del 2050, prioridades, problemas y desafíos.

Allard asegura que se trata de una ciudad privilegiada en el contexto latinoamericano y se apoya en los rankings donde suele figurar entre las mejores ciudades para vivir, hacer negocios o recibir expatriados de la región. No somos una «gigaciudad»como Sao Paulo o Ciudad de México, y eso «es una ventaja enorme», sentencia.

Pero se requieren políticas de largo aliento, «proyectos que trasciendan gobiernos y, sobre todo, un compromiso real con la equidad urbana», sentencia.

Destaca la calidad de servicios básicos, agua potable, electricidad, internet 5G, y la concentración de universidades y centros de investigación, pero también los grandes dolores urbanos: segregación socioespacial, impacto del cambio climático y la necesidad de acercar oportunidades a las personas.

«Familias que viven en periferias viajan dos horas al día para acceder a un buen trabajo o colegio. La clave no es solo trasladar a las personas a las oportunidades, sino llevar las oportunidades a donde ellas viven», propone.

Más allá de los gobiernos

Allard recuerda que Chile vivió 30 años sin una carta de navegación clara, la Política Nacional de Desarrollo Urbano  se aprobó en 2014 y hoy está en proceso de actualización. «Lo relevante es entender que los proyectos urbanos no calzan con los ciclos electorales: un parque puede tardar 15 años desde la idea hasta su inauguración», enfatiza.
Por eso, se requiere continuidad de Estado y visión estratégica, más que medidas de corto plazo, acota.

El experto cree que en 25 años deberíamos consolidarnos como una de las ciudades con mejor calidad de vida, «no solo de Latinoamérica, sino del mundo».

Entre las tendencias que observa, menciona:

  • Un crecimiento demográfico más moderado.
  • Reducción progresiva de la pobreza y fortalecimiento de la clase media.
  • Una red de metro que cubrirá casi toda la ciudad.
  • Mayor infraestructura verde y soluciones basadas en la naturaleza.

«Vamos hacia un Santiago con un entorno natural único, con barrios más completos, conectados, y con accesibilidad al aeropuerto internacional en tiempos razonables. Esa es la apuesta», afirma

El decano ejemplifica con el Parque Víctor Jara, en el Zanjón de la Aguada, concebido como infraestructura verde capaz de mitigar inundaciones y a la vez entregar espacio público de calidad. «Se está cambiando el paradigma: ya no basta con hacer obras civiles, hay que hacer obras cívicas. Cada inversión debe generar beneficios ambientales y sociales», sostiene.

Equidad y financiamiento municipal

Uno de los temas menos discutidos, según Allard, es cómo se financian las comunas más vulnerables. Propone establecer un ingreso per cápita municipal mínimo, de manera que comunas con gran población y alta demanda de servicios, como La Pintana, Puente Alto o Quilicura, reciban recursos proporcionales a sus necesidades.

«Son municipios complejos, que requieren más recursos para educación, salud o seguridad, pero que recaudan menos por concepto de contribuciones. Si no redistribuimos mejor, seguiremos reproduciendo desigualdad territorial», advierte.

Transporte y desigualdad territorial

Santiago cuenta con una de las mejores redes de metro de Latinoamérica, pero Allard advierte un punto ciego: las zonas rurales y periféricas quedaron fuera del sistema de transporte integrado.

«Colina, Lampa, Calera de Tango o Melipilla no fueron incorporadas, y eso es una dificultad. Probablemente los proyectos de trenes de cercanía, como el de Batuco o Melipilla, van a mejorar esa situación, pero hoy persiste una gran inequidad en el acceso al transporte público», señala.

Allard también observa un cambio cultural en la manera de habitar la ciudad. «Las nuevas generaciones no están pensando en la casa para toda la vida. Prefieren arrendar, vivir cerca del metro, con acceso a bares, librerías o parques, y luego mudarse a una casa con jardín cuando tengan hijos. Después, probablemente, volverán al centro en la adultez mayor», explica.

Este fenómeno, sumado al alto costo de las viviendas y a la dificultad de acceder a créditos, está impulsando el mercado de arriendos y proyectos multifamily. «Chile siempre fue un país cargado hacia la propiedad. Hoy se abre paso un modelo más flexible, similar al de Europa, donde las personas habitan distintas viviendas a lo largo de su vida», agrega.

Tecnología y ciudad compartida

Otro motor de cambio es la data y las tecnologías de smart cities. Desde información en tiempo real para transporte hasta nuevas formas de habitar, como el co-living. «Las generaciones más jóvenes no aspiran necesariamente a ser dueñas de una casa. Prefieren acceso antes que propiedad. Eso está transformando la vivienda, la movilidad y hasta los vínculos sociales», asegura.

Tres medidas urgentes

Al ser consultado por prioridades para transformar Santiago, Allard enumera tres:

  • Completar la red de metro con una línea de circunvalación.
  • Desarrollar corredores verdes y parques lineales que reduzcan el efecto de calor.
  • Reactivar el programa «Corazones de Barrio», instalando centros comunitarios en las zonas con menor acceso a servicios.

«Prefiero hablar de barrios completos antes que de la ciudad de 15 minutos. Se trata de que cada barrio tenga lo esencial para que la gente no dependa de largas distancias», resume.

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