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09/02

Proyectan «menos relato», más valor, adaptación climática y escrutinio a la IA para las inversiones sostenibles en 2026

Tras un año marcado por tensiones geopolíticas, retrocesos regulatorios y un discurso político crítico, el mercado empieza a concentrarse en exigencias concreta: demostrar valor financiero, impacto medible y resiliencia en un entorno económico más complejo.

El informe Sustainable Investing Trends to Watch in 2026, elaborado por Morningstar Sustainalytics,  identifica siete tendencias clave que reconfigurarán las decisiones de inversión en 2026.

El documento describe 2025 como un año particularmente desafiante para la inversión sostenible. La postura abiertamente anti-ESG de la administración estadounidense, sumada a la preocupación europea por el impacto regulatorio sobre la competitividad, empujó a inversionistas y gestores a revisar estrategias, ajustar discursos y, en muchos casos, reducir la visibilidad pública de sus compromisos en sostenibilidad. El fenómeno del greenhushing, la decisión deliberada de bajar el perfil de las metas ESG, se hizo especialmente visible en ámbitos como diversidad, equidad e inclusión.

Pese a este contexto, Morningstar destaca que los activos globales en fondos ESG siguen siendo elevados, alcanzando US$ 3,7 billones a septiembre de 2025. Además, encuestas a inversionistas muestran que el interés por la inversión sostenible se mantiene alto, especialmente entre generaciones más jóvenes, reforzando la idea de que el foco no desaparece, sino que se transforma.

Menos taxonomías, más divulgación útil

En materia regulatoria, el análisis plantea que 2026 estará marcado por un reordenamiento más que por una expansión normativa y que el énfasis se trasladará desde la proliferación de taxonomías hacia marcos de divulgación que entreguen información más clara y comparable para los inversionistas. A nivel global, 36 jurisdicciones ya han adoptado, o planean adoptar, los estándares del International Sustainability Standards Board (ISSB), incluidos países como Brasil y Chile, que comenzarán a exigir reportes interoperables a partir de 2027.

En Europa, los cambios al CSRD y la revisión del SFDR buscan simplificar exigencias y reducir el universo de fondos sostenibles, como respuesta directa a las críticas por greenwashing. En Estados Unidos, el contraste es mayor: mientras el gobierno federal abandona el Acuerdo de París y desactiva reglas de divulgación climática, varios estados avanzan con normativas propias, generando un escenario fragmentado para las empresas.

De transición a riesgo físico y la adaptación

El informe subraya que el cambio climático seguirá ocupando un lugar central en la agenda de inversión, pero con un giro relevante. Si bien la transición hacia economías bajas en carbono continúa siendo prioritaria, los riesgos físicos, olas de calor, sequías, inundaciones y eventos extremos, ganan peso en la evaluación financiera. Las pérdidas económicas globales por desastres naturales alcanzaron US$ 162 mil millones solo en la primera mitad de 2025, una señal que refuerza la urgencia de integrar adaptación y resiliencia en las decisiones de inversión.

Morningstar advierte que menos del 3% de las empresas globales está actualmente alineado con trayectorias net zero creíbles, lo que refuerza el rol de los inversionistas en la evaluación de planes de transición y en el financiamiento de soluciones reales, más allá de reducciones “en papel”.

La infraestructura de transición energética —renovables, almacenamiento, redes eléctricas y carga para vehículos eléctricos, seguirá concentrando la mayor parte del capital, apoyada por la creciente demanda energética asociada a data centers, electrificación e inteligencia artificial.

En contraste, el venture capital climático mantendrá un enfoque selectivo. Sectores como energías limpias, vehículos eléctricos y alimentos sostenibles enfrentan presiones por costos, competencia y marcos regulatorios menos favorables, aunque tecnologías como energía nuclear de pequeña escala, geotermia avanzada y soluciones B2B en proteínas alternativas podrían atraer interés puntual.

Madurez, estándares más estrictos e innovación

El mercado de bonos verdes, sociales y sostenibles superó los US$ 6 billones y entra en una etapa de madurez. Para 2026, Morningstar anticipa una menor emisión total, pero con estándares más exigentes y mayor foco en impacto verificable. El estándar europeo de bonos verdes (EU GBS) comienza a ganar tracción, mientras que el financiamiento de transición y los bonos de adaptación y resiliencia emergen como nuevas fronteras, especialmente en sectores intensivos en carbono y regiones con alta vulnerabilidad climática.

Pese a señales regulatorias mixtas, la biodiversidad avanza como un eje cada vez más relevante para los inversionistas. La adopción del marco TNFD y el crecimiento de instrumentos financieros ligados a naturalez, como bonos azules y debt-for-nature swaps, reflejan un interés creciente por integrar estos riesgos en la gestión financiera. Morningstar destaca que, en ausencia de políticas públicas robustas, el liderazgo del sector financiero será clave para cerrar la brecha entre ambición y ejecución.

Inteligencia artificial bajo la lupa ESG

Morningstar identifica a la inteligencia artificial como uno de los principales focos de riesgo ESG para 2026. El aumento exponencial del consumo energético y de agua de los data centers, las tensiones con los compromisos climáticos de las grandes tecnológicas, los riesgos de ciberseguridad, desinformación y el impacto en el empleo posicionan a la gobernanza de la IA como un factor crítico de creación, o destrucción,  de valor. Para los inversionistas, la capacidad de las empresas de anticipar y gestionar estos riesgos será determinante.

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