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10/06

¿Quién puede salvar realmente los glaciares en Chile? La Minería

Es momento de salir de la simplificación y abordar la crisis glaciar como una mutación del ciclo hidrológico. La minería puede invertir en Soluciones basadas en Naturaleza (SBN) respaldadas por ciencia y ejecutadas con liderazgo y planificación territorial de largo plazo. No se confundan. Los problemas que tienen los glaciares de alta cordillera no son producto de lo que pasa arriba en la cordillera. Es por lo que pasa abajo en el valle, nosotros.

La campaña global en torno al Año Internacional de los Glaciares donde UNESCO estableció su conmemoración el 21 de marzo como el «Día Mundial de los Glaciares», ha puesto en el centro del debate la urgente necesidad de proteger estas reservas de agua dulce frente a las amenazas del cambio climático.

En Chile, esta narrativa la ha liderado la campaña “Salvemos los Glaciares”, que ha cargado los dados contra la minería como principal responsable del retroceso glaciar. Sin embargo, una mirada más profunda, de base científica, nos obliga a cuestionar esta simplificación y a comprender el problema desde una perspectiva más amplia y sistémica y no buscando una miope causalidad directa y local.

Los estudios del Dr. Millán Millán, director del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), han demostrado que la alteración de los ciclos hidrológicos juega un rol crítico en la disminución de las precipitaciones en zonas de alta montaña. Su trabajo ha evidenciado que la deforestación, la expansión urbana y los cambios en el uso del suelo han provocado una desconexión de los ecosistemas de sus fuentes de humedad, reduciendo la retroalimentación atmosférica del agua. Lo que se conoce escolarmente como “Ciclo Corto del Agua”

En la zona central de Chile, la pérdida de vegetación, la expansión del pavimento y techos impermeables, junto con la transformación de suelos agrícolas en áreas urbanas, han reducido drásticamente la evapotranspiración. Esto significa que hay menos humedad disponible para formar nubes y generar lluvias, afectando directamente la acumulación de nieve en la cordillera. Este factor, más que la actividad minera, podría ser clave en retroceso glaciar.

En el contexto de los estudios del experto, la diferencia entre las precipitaciones de verano e invierno es clave para entender la crisis hídrica y el retroceso glaciar en regiones mediterráneas como Chile. Su investigación ha demostrado que las lluvias estivales tienen un impacto más profundo y beneficioso en los ecosistemas. Las lluvias estivales están más conectadas con la humedad local generada por la vegetación y los ecosistemas terrestres. En contraste, las lluvias invernales dependen principalmente de frentes fríos de origen oceánico. Si los ecosistemas pierden su capacidad de capturar, almacenar y devolver agua a la atmósfera (por la deforestación, urbanización o monocultivos de baja evapotranspiración), la generación de precipitaciones estivales se reduce drásticamente.
La evaporación de agua en verano permite que la humedad en la atmósfera regule las temperaturas locales, reduciendo los efectos de olas de calor. Si no hay suficiente humedad en el suelo y la vegetación, las temperaturas extremas aumentan, acelerando la fusión glaciar y alterando aún más los patrones climáticos.

En este desafío, la minería no es un enemigo, sino que puede ser un aliado estratégico de la sociedad si se adopta un enfoque de adaptación al Cambio Climático que contribuya a la conservación del recurso hídrico. Invertir en la restauración del ciclo hidrológico no es solo un imperativo ambiental. La inversión en restauración del ciclo hidrológico es una materia de gestión de riegos y desastres GRD y continuidad operacional en la Minería y una materia de protección civil para el estado. 

 

Si bien la minería puede tener impactos localizados, atribuirle la crisis de los glaciares sin considerar estos procesos de alteración del ciclo hidrológico es reducir el problema a una falsa dicotomía. La verdadera solución para conservar nuestros glaciares no está en prohibir la minería, sino en aumentar la infiltración y retención de agua en los suelos, recuperar ecosistemas vegetacionales perdidos y reducir la escorrentía acelerada en las cuencas. Esto permitirá restaurar la humedad atmosférica, sostener una vegetación más resiliente, mitigar la temperatura superficial y reducir la intensidad de fenómenos extremos asociados al cambio climático.

En este desafío, la minería no es un enemigo, sino que puede ser un aliado estratégico de la sociedad si se adopta un enfoque de adaptación al Cambio Climático que contribuya a la conservación del recurso hídrico. Invertir en la restauración del ciclo hidrológico no es solo un imperativo ambiental. La inversión en restauración del ciclo hidrológico es una materia de gestión de riegos y desastres GRD y continuidad operacional en la Minería y una materia de protección civil para el estado. 

Recordemos tragedias como el aluvión de Antofagasta en 1991, en que murieron más de cien personas, o el de las Quebrada de Macul y San Ramón en la capital, el año 1993, con un saldo de 23 muertos y dos mil damnificados.

Es momento de salir de la simplificación y abordar la crisis glaciar como una crisis del ciclo hidrológico. La minería puede invertir en Soluciones basadas en Naturaleza SBN, respaldadas por ciencia y ejecutadas con liderazgo y planificación territorial de largo plazo que la minería sabe hacer y las politicas publicas pocas veces logran implementar.

No se confundan. Los problemas que tienen los glaciares de alta cordillera no son producto de lo que pasa arriba en la cordillera. Es producto de lo que pasa abajo en el valle, nosotros