ESGLIVE
14/11

Saber no basta: cómo la alianza entre Banco Falabella y la UC busca cambiar la relación de los chilenos con el dinero

Alianza apunta a cerrar una de las brechas más persistentes en Chile: la falta de educación e inclusión financiera. A través de datos, investigación y trabajo conjunto, ambas instituciones impulsaron un modelo que combina experiencia práctica con conocimiento académico.

Durante años se ha repetido que uno de los grandes pendientes del país es la falta de colaboración entre la academia y el mundo privado. En Chile, quienes investigan y quienes operan en terreno parecen vivir en mundos separados, y esa desconexión limita la capacidad de diseñar soluciones informadas en temas económicos y sociales.

En ese escenario, el estudio “Radiografía de la Educación e Inclusión Financiera en Chile”, elaborado por Banco Falabella junto al Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica, se transformó en un ejemplo concreto de cómo esa brecha puede empezar a cerrarse.

«Con el Centro de Políticas Públicas llevamos casi tres años trabajando juntos», cuenta Camila Forno, subgerenta de Sostenibilidad de Banco Falabella.»Esta alianza no nació con el estudio, sino con mesas de trabajo multisectoriales que reunieron a la sociedad civil, la academia y el sector privado para conversar sobre los principales desafíos en torno a la educación financiera. Después de esas mesas, decidimos actualizar un índice que la UC había desarrollado hace casi diez años y que no se había vuelto a actualizar», precisa.

Camila Forno y Dominique Keim

Una relación virtuosa

La investigadora Dominique Klein, del Centro de Políticas Públicas UC, destaca que el valor de la iniciativa está en la sinergia entre ambos mundos: «Esta alianza busca generar una relación virtuosa. Nosotros aportamos con datos y articulación, mientras el banco entrega su experiencia en terreno. Por ley, las entidades financieras deben implementar programas de educación financiera, y creemos que la mejor forma de hacerlo es con evidencia. Nuestro rol ha sido entregar información para que distintos actores del ecosistema diseñen sus programas basados en datos reales».

Desde la academia, explica Klein, el desafío es convertir la información en acción: «Nuestro programa de educación financiera nace en 2016 con la idea de articular distintos sectores, público, privado y académico, para implementar políticas efectivas. La alianza con Banco Falabella ha sido un ejemplo de ese trabajo colaborativo».

Entre lo que creemos saber y lo que realmente sabemos

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue la brecha entre percepción y conocimiento real. «Los chilenos creen que saben más de lo que efectivamente saben», comenta Forno al expllicar que en una escala de 0 a 5, su conocimiento real es 1,6, «pero ellos se autoevalúan con un 3. Esa sobreconfianza puede ser peligrosa, porque nos lleva a tomar decisiones financieras equivocadas que no garantizan bienestar ni tranquilidad».

Esta situación afecta directamente la toma de decisiones cotidianas, como endeudarse o elegir instrumentos de ahorro. Según Klein, los grupos que más tienden a sobrevalorar sus conocimientos son los jóvenes, las mujeres y los adultos mayores.

«Las razones son distintas: los jóvenes están recién entrando al sistema financiero; los mayores tienen menos contacto con productos financieros y enfrentan la brecha digital; y las mujeres, históricamente, han estado rezagadas en la participación económica», explica.

La paradoja de la inclusión

El estudio también reveló que Chile ha avanzado en bancarización, pero no al mismo ritmo en educación financiera.

«Hoy la mayoría tiene productos financieros, pero no necesariamente sabe usarlos bien», señala Forno. «Nuestros niveles de conocimiento avanzan más lento que la oferta de productos. Además, la educación financiera aún no está integrada completamente en la enseñanza escolar: se incluyó en primero medio, pero no existe formación en educación básica, donde debería partir la sensibilización».

En ese sentido, Klein coincide en que el Estado debe asumir un rol articulador: «La OCDE ha sido clara, los países que logran avances sostenidos en educación financiera son aquellos donde el Estado lidera la estrategia, define grupos objetivos y establece metas claras. El sistema educativo tiene que integrar los contenidos de manera transversal y desde edades tempranas».

Iniciativas con impacto

Banco Falabella ha desarrollado una serie de programas para distintos públicos. «Llevamos diez años haciendo un torneo escolar de educación financiera con un juego de mesa que enseña conceptos de ahorro y presupuesto. También tenemos EduCity, un juego digital para niños de 11 a 14 años que permite competir entre Chile, Perú y Colombia», explica Forno.

Además, la entidad trabaja con comunidades y organizaciones sociales. «Nuestros voluntarios realizan talleres junto a la Fundación Trascender, hemos hecho programas para adultos mayores con la Asociación de Bancos y proyectos para mujeres con Liderezas Sociales. Y de cara a nuestros clientes, seguimos mejorando la experiencia digital para que usar nuestros productos sea cada vez más simple y transparente», añade.

El desafío de la digitalización

El salto tecnológico que trajo la pandemia dejó nuevas brechas, la  digitalización tiene ventajas enormes, como el alcance y la facilidad de acceso, reconoce Forno pero advierte ue  deja fuera a muchos grupos, sobre todo a los adultos mayores. Por eso, «aunque somos un banco digital, mantenemos presencia física. En nuestras sucursales existen ‘asesores digitales’ que ayudan a los clientes a resolver dudas y, al mismo tiempo, les enseñan cómo hacerlo desde sus canales online».

Resultados que desafían

En comparación con países de la región, Chile no está necesariamente mejor posicionado. «Incluso tenemos resultados más bajos que Perú y Colombia en algunas dimensiones”, señala Klein. «Si miramos a economías de la OCDE con PIB similar, también quedamos atrás en conceptos como inflación o tasa de interés. Donde tenemos mejor desempeño es en diversificación del riesgo. Pero sigue existiendo una brecha importante en confianza hacia las instituciones financieras y en comprensión de productos básicos».

La necesidad de alianzas sostenidas

Ambas expertas coinciden en que la continuidad es esencial. «El problema es que muchas iniciativas son de corto plazo y con públicos acotados”, advierte Klein. “Sin evaluación ni seguimiento, es difícil lograr impacto. Necesitamos alianzas de larga data, con más recursos y colaboración estrecha entre Estado, empresas y academia».

Forno complementa: «En Banco Falabella estamos poniendo mucho foco en medir impacto. Queremos saber si lo que hacemos realmente genera los resultados esperados. Y eso se logra trabajando juntos: la academia aporta conocimiento, nosotros experiencia, y el Estado puede articular. Si no lo hacemos en conjunto, los avances serán lentos».

Datos que invitan a actuar

En el cierre, Klein destaca dos cifras que resumen la urgencia del desafío:

«Un 70% de las personas dice tener un presupuesto, pero menos del 30% lo cumple. Y detectamos un grupo de alta inclusión pero baja educación financiera, principalmente jóvenes. Son personas con acceso a productos, pero sin conocimientos suficientes para usarlos bien, lo que las pone en alto riesgo».

Forno agrega otro dato revelador:

«Solo el 20% de los chilenos entiende cómo funciona una tasa de interés. Es algo básico, pero demuestra cuánto falta por avanzar. Además, aunque el país tiene una bancarización cercana al 90%, la inclusión financiera efectiva, es decir, uso y comprensión de los productos, apenas supera el 50%».

El mensaje de fondo es claro: la educación financiera no puede seguir siendo un esfuerzo aislado.
El trabajo conjunto entre el sector privado, el Estado y la academia puede marcar la diferencia entre una ciudadanía que “tiene” productos financieros y una que realmente los entiende y gestiona de forma responsable.

Aquí puedes leer la Radiografía a la educación e inclusión financiera en Chile 

Compartir