opina
17/11

De la complejidad a la oportunidad ASG: la transformación de reportar con estrategia

Las nuevas exigencias de reportabilidad 2025 marcan un punto de inflexión para las empresas: ya no basta con cumplir. La integración de NIIF S1 y S2, junto con la NCG 519, obliga a conectar sostenibilidad, estrategia y datos verificables, abriendo una oportunidad para fortalecer la gestión, anticipar riesgos y construir confianza.

Comienza un nuevo ciclo de reportabilidad 2025, y para muchas empresas este proceso ya no es opcional. En el caso de las sociedades anónimas abiertas, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) exige la entrega de sus memorias integradas en abril de 2026, bajo estándares definidos por la NCG 461 y, a partir de 2027, bajo la NCG 519, que alinea las exigencias locales con los marcos internacionales de sostenibilidad incluyendo los estándares NIIF S1 y S2 del ISSB, entre otros cambios normativos.

Ya no basta con tener un reporte, hay que tener un reporte financiero de sostenibilidad.

Este avance ha permitido algo inédito: que las memorias sean comparables entre industrias, obligando a las empresas a llevar la delantera frente a sus pares. Gracias a esta estandarización, estudios como los de KPMG y Forvis Mazars han podido medir el desempeño real.

Por ejemplo, de las 100 empresas más grandes de Chile el 47,2% realiza análisis de doble materialidad y el 55,7% la actualizó el último año, una herramienta clave para priorizar los temas ASG que muchas organizaciones aún están desaprovechando. Sin embargo, solo el 2% reporta el impacto financiero de los riesgos climáticos, lo que evidencia cuánto falta aún para integrar sostenibilidad y gestión estratégica.

Los avances son significativos, pero los dolores del proceso también crecen. Los reportes son más extensos, los estándares más numerosos y las exigencias cambian con rapidez. Falta digitalización para levantar datos, coherencia entre operaciones de distintos países y coordinación entre áreas internas. En muchas organizaciones, Sostenibilidad sigue trabajando en paralelo, dependiendo de la voluntad de otras áreas para acceder a información crítica. El desafío no es hacer más, sino trabajar de manera integrada.

Otro desafío es la integración de los estándares. A menudo las empresas reportan por un mero ejercicio de cumplimiento, sin detenerse a analizar por qué o para qué incluyen ciertos indicadores. Se repiten métricas o se reportan por separado variables que podrían abordarse de forma integrada, perdiendo valor estratégico. El reto no es cumplir más, sino cumplir mejor, priorizando lo relevante y comunicando con coherencia. 

También persiste una brecha cultural: el temor a comunicar. Algunas compañías temen ser cuestionadas o malinterpretadas, cuando en realidad la transparencia es hoy la nueva licencia para operar.

A ello se suma la necesidad de robustecer los datos. Aún hay reportes con cifras inconsistentes o indicadores poco precisos que luego deben corregirse, afectando la credibilidad. En un escenario donde la verificación será obligatoria, la precisión será una cuestión financiera y reputacional.

 

Falta digitalización para levantar datos, coherencia entre operaciones de distintos países y coordinación entre áreas internas. En muchas organizaciones, Sostenibilidad sigue trabajando en paralelo, dependiendo de la voluntad de otras áreas para acceder a información crítica. El desafío no es hacer más, sino trabajar de manera integrada.

 

El desafío ahora es prepararse con tiempo. Las NIIF S1 y S2, que exigirán divulgar información financiera relacionada con sostenibilidad, y la nueva NCG 519 exigirán mayor coherencia, trazabilidad y profundidad​, además de una mirada más estratégica sobre cómo se crea y comunica el valor.

La buena noticia: reportar bien no es solo una obligación, sino una oportunidad para transformar la gestión. Cuando la información se construye desde la estrategia, y no como un anexo de cumplimiento, se convierte en una herramienta para anticipar riesgos, fortalecer la confianza de los inversionistas y orientar decisiones de largo plazo.

Porque en un contexto donde los impactos sociales y ambientales ya son riesgos financieros, reportar no basta: hay que hacerlo con sentido. La sostenibilidad no se mide por cuánto contamos, sino por cómo usamos esa información para decidir mejor.

Compartir