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17/04

Reportes Integrados: más cumplimiento, menos impacto

Aunque la reportabilidad ESG en Chile ha alcanzado altos niveles de adopción y sofisticación, el desafío actual está en su efectividad: transformar datos en información comprensible y relevante para fortalecer la confianza y la reputación. Hoy las memorias son extensas, altamente técnicas y diseñadas principalmente para inversionistas y reguladores.

Marzo y abril vuelven a instalar uno de los hitos más relevantes del calendario corporativo: la publicación de memorias integradas y/o reportes de sostenibilidad. Un ejercicio que, en los últimos años, ha evolucionado de forma significativa en Chile, impulsado por exigencias regulatorias como la NCG 461/519 de la Comisión de Mercado Financiero(CMF) y la futura adopción de IFRS S1 y S2.

Desde el punto de vista técnico, el avance es evidente. Según el estudio de KPMG 2025, el 98% de las grandes empresas en Chile ya reporta mediante memorias integradas, consolidando este formato como estándar del mercado .
Sin embargo, el problema ya no es de cumplimiento. Es de efectividad.

Hoy, la reportabilidad ESG enfrenta una contradicción estructural: a mayor sofisticación de los reportes, menor capacidad de incidencia en la percepción de los stakeholders.

El diagnóstico es claro. Los reportes son extensos, altamente técnicos y diseñados principalmente para inversionistas y reguladores. Pero las empresas hoy operan en un entorno donde la licencia social, la reputación y la confianza son variables críticas de negocio.

Y ahí es donde el modelo actual comienza a fallar.

De acuerdo con el Monitor de Sostenibilidad Empresarial Ipsos 2025, solo un 26% de la ciudadanía confía en la comunicación corporativa sobre sostenibilidad, mientras que un 43% considera que las empresas comunican poco o de manera insuficiente. Es decir, el problema no es la falta de información. Es la incapacidad de hacerla relevante.

Esto se agrava en un contexto donde la sostenibilidad ha dejado de ser una agenda reputacional para transformarse en un factor financiero. Más del 70% de los inversionistas institucionales ya integra variables ESG en sus decisiones, lo que eleva el estándar no solo de medición, sino también de credibilidad.

En este escenario, las memorias integradas están cumpliendo su función base: entregar información comparable, trazable y alineada a estándares internacionales. Pero no están resolviendo el problema más crítico: la conexión.

El desafío, entonces, no es seguir aumentando el volumen de información, sino mejorar su capacidad de traducción.
Porque el valor no está en el dato, sino en su comprensión. Esto implica al menos tres cambios estratégicos.

Primero, entender que el reporte es un instrumento de base, no un canal suficiente. Las empresas deben construir sistemas de comunicación que permitan amplificar, segmentar y contextualizar la información para distintas audiencias.

Segundo, avanzar desde un lenguaje normativo hacia uno que permita explicar impactos, decisiones y trade-offs de manera clara, sin perder rigurosidad.

Y tercero, integrar la comunicación como una variable estratégica del modelo ESG. No como un complemento.

Las empresas que no logren resolver esta brecha enfrentarán un riesgo creciente: altos niveles de inversión en sostenibilidad con retornos decrecientes en reputación y confianza. Porque en el escenario actual, no basta con hacer bien las cosas.

Hay que demostrarlo de manera creíble y comprensible. Y hoy, ese sigue siendo el principal déficit del sistema.