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20/05

Agua y riesgo empresarial en Chile: por qué las empresas deberán reportar su impacto desde 2026

La nueva normativa de la CMF, alineada con IFRS S2, obliga a las empresas a integrar el riesgo hídrico en su estrategia, transformando el agua en un factor clave de continuidad operativa y financiamiento.

El agua dejó de ser un tema ambiental periférico para convertirse en un riesgo material para las empresas. A partir de 2026, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) exigirá a las compañías, con valores públicos en Chile, reportar su uso como riesgo hídrico en Chile, crónico, en línea con el estándar IFRS S2. Este cambio no solo redefine la forma en que las empresas reportan su desempeño, sino que también obliga a integrar el riesgo hídrico en la estrategia del negocio.

¿Cuándo será obligatorio reportar el riesgo hídrico en Chile?

El riesgo hídrico en Chile será obligatorio de reportar desde 2026 bajo IFRS S2. Las empresas deberán evaluar cómo el uso del agua afecta su operación, costos y viabilidad futura, integrando este factor en su estrategia y reportes financieros.

El agua como riesgo material: financiero y de impacto

Un documento elaborado por la consultora AWUA, una firma chilena especializada en gestión del agua, riesgos climáticos y planificación estratégica de largo plazo, plantea que el problema debe entenderse desde una doble perspectiva: como un riesgo financiero y como un impacto sobre el entorno.

IFRS S2 evalúa cómo la disponibilidad y gestión del agua afectan directamente a la empresa, considerando riesgos que pueden comprometer la continuidad operativa y generar costos significativos. Por otro, el estándar Global Reporting Initiative (GRI) incorpora la dimensión de impacto, analizando cómo las operaciones empresariales afectan los ecosistemas y las comunidades.

Esta doble mirada obliga a las empresas a ir más allá del cumplimiento normativo y a desarrollar una gestión integrada del recurso hídrico.

De cumplimiento a estrategia: el salto hacia la doble materialidad

Uno de los principales cambios que introduce este nuevo escenario es que ya no basta con elegir entre estándares de reporte. El desafío, según el documento, es construir una narrativa coherente que conecte tres dimensiones:

En este contexto, la combinación de GRI e IFRS S2 permite avanzar hacia una memoria integrada, donde el agua deja de ser un dato aislado y pasa a formar parte del corazón de la estrategia empresarial.

Tres preguntas que redefinen la gestión del agua en las empresas

El documento plantea tres preguntas clave que las compañías deben abordar para enfrentar este nuevo escenario:

1. Exposición.
¿Qué parte de la producción depende de cuencas con escasez o agotamiento declarado?

2. Costos.
¿Se ha valorizado el riesgo hídrico como un pasivo contingente frente a inversionistas y bancos?

3. Preparación
¿Es viable el modelo de negocio si la disponibilidad de agua se reduce en un 30% en la próxima década?

Estas preguntas reflejan un cambio de enfoque: el agua ya no es solo un insumo, sino un factor crítico de riesgo que puede afectar la viabilidad del negocio.

Presión regulatoria y de mercado: un doble impulso

Si bien la exigencia formal recae sobre las empresas reguladas por la CMF, el documento advierte que la presión no se limita al ámbito normativo. Clientes, inversionistas, bancos y certificadoras están comenzando a exigir información sobre gestión hídrica, incluso a empresas que no están obligadas a reportar.

Esto genera un efecto de arrastre en toda la economía, donde la gestión del agua se convierte en un estándar transversal.

Un cambio estructural en la gestión empresarial

El diagnóstico es claro: los riesgos relacionados con el agua ya no son un anexo, sino un tema material.

La incorporación del riesgo hídrico en los reportes financieros marca un punto de inflexión en la forma en que las empresas entienden la sostenibilidad, integrando variables ambientales directamente en la toma de decisiones estratégicas.

En este escenario, la gestión del agua deja de ser reactiva y pasa a ser un elemento central para la resiliencia, la competitividad y el acceso a financiamiento.