entrevista
10/04

Sebastián Bowen y su mirada sostenible para atacar el déficit habitacional: «es inclusión social, integración urbana y resiliencia»

El director ejecutivo de Déficit Cero, en entrevista con ESGHOY, analiza las causas estructurales de la falta de viviendas en Chile y las soluciones sostenibles que pueden impulsar un desarrollo más justo y equitativo.

El déficit habitacional en Chile dejó de ser un tema técnico para convertirse en un desafío político, social y ambiental de gran envergadura. Las estimaciones hablan de un millón de hogares sin una solución habitacional adecuada. Y los campamentos, cuya población creció casi un 80% en los últimos años, son apenas la cara más visible de un problema estructural

Desde 2021, la organización Déficit Cero ha buscado incidir directamente en las políticas públicas para cambiar esta realidad. En entrevista con ESGHOY su director ejecutivo, Sebastián Bowen, analizó el origen del problema, las oportunidades que abre su solución, y la urgencia de cambiar el paradigma habitacional hacia uno más diverso, sostenible e inclusivo.

Déficit Cero nació tras un catastro de campamentos en 2021, cuando se evidenció un crecimiento alarmante: de 47.000 a más de 81.000 familias. «Lo más impactante fue darnos cuenta de que tres de cada cuatro venían de situaciones previas de exclusión habitacional, como hacinamiento, allegamiento o arriendos informales. Entendimos que el problema era estructural. Por eso, junto a la Cámara Chilena de la Construcción, creamos Déficit Cero: una organización sin fines de lucro 100% enfocada en incidir en políticas públicas con propuestas concretas y viables».

 ¿Cuál es la evaluación que hacen en estos tres años?

Ha habido avances. Contribuimos al Plan de Emergencia Habitacional y a impulsar reformas como la actualización de planes reguladores. Pero más allá de eso, lo central es que el tema hoy está en el centro del debate político. Ya no se trata solo de construir casas: se entiende que resolver este problema pueda ser una oportunidad para generar cohesión social, desarrollo económico y bienestar.

Además, hoy vemos que este tema aparece en los programas de gobierno, en las discusiones presidenciales, y que se empieza a entender que resolverlo no es solo una responsabilidad del Estado, sino también una oportunidad país.

¿Una oportunidad en qué sentido?

En el sentido más amplio. Enfrentar el déficit habitacional permite apalancar múltiples beneficios: crecimiento económico, cohesión social, reducción de la inseguridad y un mayor sentido de pertenencia ciudadana. Una vivienda digna es la base para el desarrollo de las personas y, por ende, para el desarrollo del país. Nosotros decimos que “una casa no es una casa”, sino un lugar donde se construye el futuro. Lo mismo ocurre con las ciudades: cuando las planificas con sentido de futuro, generas confianza, inversión y sostenibilidad.

Los tres pilares sostenibles

A su juicio, ¿cuáles son los pilares para avanzar hacia una solución habitacional sostenible?

Primero, diversificar la oferta habitacional. Hoy la demanda es más variada: jóvenes, migrantes, adultos mayores, hogares unipersonales. Necesitamos subsidios más flexibles, más arriendo protegido, y opciones para que la vivienda sea escalable, según el ciclo de vida.

Segundo, alianzas público-privadas. Proponemos concesiones habitacionales, es decir, que el Estado aporta el suelo y regula; el privado construye y gestiona por un período, y luego la propiedad vuelve al Estado. Es una fórmula que ya ha funcionado en Chile en otras áreas, y que el mundo privado está empezando a mirar con interés.

Tercero, activar el suelo urbano disponible. Hay más de 10.000 hectáreas dentro de las ciudades que podrían utilizarse, pero que hoy están normativamente restringidas o mal habilitadas. Necesitamos invertir en densificación bien planificada, con acceso a servicios, transporte y espacio público.

¿Qué tan viable es, en lo político y social, impulsar este tipo de transformaciones?

Hoy hay mucho más espacio que hace cinco o diez años. Se ha avanzado en entender que el arriendo no compite con la vivienda en propiedad, sino que puede ser un camino hacia ella. Muchas personas hoy arriendan de manera informal durante años mientras esperan su casa propia. Entonces, ¿por qué no crear mecanismos que les permitan, por ejemplo, ahorrar mientras arriendan, o generar historial para acceder a un subsidio?

Lo importante es diseñar políticas que acompañen el ciclo de vida de los hogares, en lugar de imponerles una única solución.

Metas al 2035

¿Y cuál es la mirada de sostenibilidad que ustedes impulsan?

Lo sostenible no es solo lo ecológico. Lo sostenible es lo que perdura en el tiempo, lo que se mantiene y mejora. Un barrio bien diseñado, con servicios, transporte, áreas verdes, y participación social, es más sostenible que uno que simplemente cumple con la meta de construir “x” cantidad de casas.

Además, cuando logras que las personas se proyecten en su vivienda y en su ciudad, estás construyendo futuro. Por eso, la sostenibilidad de la vivienda no se trata solo de eficiencia energética o materiales reciclables —que también son importantes— sino de inclusión social, integración urbana, participación comunitaria y resiliencia.

¿Cuál es el horizonte de Déficit Cero? ¿Para cuándo el «cero»?

Nuestro horizonte es quebrar la tendencia en esta década. Lograr que la producción de viviendas de interés público supere las 100.000 anuales de aquí a 2030. Y sí, creemos que es posible alcanzar déficit cero al año 2035. Es una meta ambiciosa, pero no imposible. Necesitamos voluntad política, compromiso del sector privado, innovación financiera y una ciudadanía que entienda que este no es solo un tema de pobres, sino un desafío de país.