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20/05

Seguridad en la gran minería: por qué los accidentes de alto potencial siguen siendo el mayor riesgo

Aunque la accidentabilidad ha disminuido, los eventos de alto impacto siguen presentes. Expertos advierten que el problema no es de control, sino de diseño organizacional y gestión del riesgo.

La seguridad en la gran minería enfrenta un cambio estructural: aunque han bajado los accidentes, los de alto potencial siguen siendo un riesgo crítico. Según expertos, el desafío ya no es aumentar controles, sino rediseñar cómo se gestiona el riesgo, integrando seguridad, operación y toma de decisiones en un modelo predictivo.

El escenario obliga a tener una conversación que todavía no se ha dado, al menos en la magnitud que se requiere, plantean a ESGHOY los socios de Aurys Consulting, Emilio De Giacomo y Enrique Hernández.

Advierten que  los directorios hoy deben preguntarte si es que sus modelos están construidos para que la seguridad sea consecuencia natural de las decisiones, ¿o siguen dependiendo de la vigilancia permanente para que las cosas no se salgan de cauce?

Hernández cree que las brechas actuales «no se cierran con más auditorías», sino que «rediseñando cómo se gobierna el riesgo». Es un trabajo de diseño organizacional, no de cumplimiento, dice.

«Y cómo se responde a esa pregunta es, hoy, el mejor indicador de qué operaciones van a sostener confiabilidad, productividad y licencia social en la próxima década», sentencia.

Del control reactivo al diseño del modelo

Las empresas que van un paso adelante, están haciendo de la gestión de riesgos parte del diseño mismo de cómo operan y cómo deciden. «Se apoyan en marcos como Critical Control Management del ICMM y en los principios de las organizaciones de alta confiabilidad. El punto ya no es agregar más controles encima de los que existen, sino rediseñar la arquitectura para que la seguridad sea parte natural de cómo se trabaja, no un programa que corre por un carril aparte», precisa De Giacomo.

«El estado del arte ya no se mide solo por la tasa de accidentes, si no por la capacidad real de aprender de los incidentes de alto potencial; por cómo se verifican en terreno los controles críticos; y por el tipo de información que efectivamente llega a las instancias de decisión: no solo lo que ya pasó, sino las señales de lo que podría pasar», añade Hernández.

Hoy existen bowtie digitalizados, monitoreo de fatiga, alertas tempranas conectadas con la línea de mando. Lo que falta es la disciplina de gestión que sostiene esas herramientas; y una agenda nueva: riesgos psicosociales, ciberseguridad operacional, relaves, que muchas operaciones todavía no han incorporado, precisa.

El desafío de anticipar riesgos

El Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo vuelve a poner el foco en los desafíos que enfrentan las organizaciones para proteger a sus trabajadores. Si en 2025 la discusión estuvo marcada por la digitalización y la inteligencia artificial, hoy entran con fuerza los factores psicosociales y el rol de las personas.

Pasar desde modelos reactivos a una lógica predictiva, donde no solo importa anticipar, sino intervenir el riesgo antes de que se materialice. La calidad de los datos se vuelve un factor crítico. Se trata de disponer de data confiable, oportuna y contextualizada que permita tomar decisiones efectivas e intervenir antes de que ocurra un incidente.

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Fatiga en la conducción: un ejemplo concreto

La fatiga al volante es uno de los ejemplos más claros de estos riesgos invisibles. Se trata de un fenómeno progresivo que afecta la concentración, los tiempos de reacción y la toma de decisiones. «Muchas veces la fatiga no es visible hasta que ocurre un incidente», advierte Lorena Oliver, gerenta general de Gauss Control, plataforma chilena basada en IA y modelos predictivos para evitar accidentes viales y laborales.Oliver.

A esto se suman otros factores conductuales, como la distracción por uso de celular o la sobrecarga cognitiva, que pueden aumentar significativamente el nivel de riesgo en operación.

Su origen no es únicamente individual, sino que responde a cómo se diseñan las operaciones, por ejemplo. «La fatiga depende de cómo se estructuran los turnos, cómo se planifican las tareas y qué tan integrada está la seguridad en la cultura de la empresa», agrega la ejecutiva.

Integrar para intervenir

E desafío es lograr una integración real entre operación, datos y toma de decisiones, lo que permite no solo identificar riesgos, sino intervenirlos de manera oportuna. «Riesgos como la fatiga no se explican solo desde la operación, sino desde cómo las personas viven su trabajo. Integrar esa dimensión humana sigue siendo una deuda y una gran oportunidad», plantea Oliver.

«El futuro de la seguridad no está en medir más, sino que en entender mejor», concluye.