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27/11

Silicon Valley y el nuevo mapa del poder tecnológico: claves que Chile no está mirando

En su exposición en Chile el director del Centro de Gobierno Corporativo de la Universidad de California en San Francisco, Evan Epstein, detalló cómo la IA, el crecimiento explosivo del capital privado y las nuevas estructuras de gobernanza están redefiniendo la economía global.

El fenómeno que está transformando la economía global no ocurre en los grandes mercados bursátiles tradicionales, sino en un ecosistema donde conviven gigantes tecnológicos, startups de alto crecimiento y estructuras de gobernanza inéditas. Esa fue una de las ideas centrales expuestas por Evan Epstein, director del Centro de Gobierno Corporativo de la Universidad de California en San Francisco, en su intervención en The Board Directors Summit 2025, donde analizó las tendencias que están reconfigurando el poder económico y tecnológico en Estados Unidos y que, a su juicio, América Latina aún observa desde la distancia .

Epstein inició su diagnóstico con un dato que dimensiona la magnitud del cambio: las llamadas Magnificent Seven, empresas como Apple, Microsoft, Google, Amazon, Meta, Nvidia y Tesla,  alcanzan hoy una valorización conjunta de US$$ 22 trillones , equivalentes al 35% del S&P 500.  Todas surgieron como startups de Silicon Valley y hoy concentran un nivel de influencia sin precedentes. En contraste, recordó, «todo el mercado de valores chileno suma aproximadamente US$ 215 mil millones de dólares», menos del 1% del valor de estas siete compañías.

Este nuevo mapa del poder también ha alterado la composición de los directorios. En Estados Unidos, alrededor de 86% de los directores del S&P 500 son independientes, mientras que en Chile el promedio alcanza apenas el 26%, debido al peso de grupos familiares, holdings o participación estatal. Esa diferencia, explicó Epstein, crea realidades de fiscalización, gobernanza y toma de decisiones que divergen radicalmente.

El ascenso silencioso del Little Tech

Más allá de las grandes corporaciones, Epstein enfatizó que el verdadero motor de innovación proviene del deniominado «Little Tech»: startups con valoraciones enormes que hoy permanecen privadas durante más tiempo. En el mundo existen más de 1.500 unicornios, y entre 700 y 750 están en Estados Unidos, acumulando un valor cercano a US$ 5,7 trillones de dólares.

El académico explicó que esta tendencia está impulsada por la profundidad del capital privado y por un nuevo fenómeno: la creación de mercados secundarios para comprar y vender acciones de empresas no listadas. Estos mercados, que ya movilizan US$ 95 mil millones en liquidez, permiten que empleados e inversionistas liquiden su equity sin necesidad de un IPO (oferta pública). «Si llevo cuatro años trabajando en una empresa como Anthropic y quiero comprar una casa, ¿qué hago si mis acciones no están listadas?», planteó, para luego mostrar cómo esa necesidad de liquidez dio origen a plataformas que hoy están cambiando la industria.

IA: concentración y velocidad sin precedentes

La inteligencia artificial es, según Epstein, el núcleo de la nueva economía: 70% del venture capital se está dirigiendo a empresas de IA, un nivel de concentración sin precedentes. En total, el sector ya ha captado US$ 660 mil millones de inversión.

Diez compañías, incluyendo OpenAI, xAI y Anthropic, ya superan en conjunto el trillón de dólares en valoración, con alzas que avanzan a un ritmo imposible de seguir incluso para analistas especializados. Esto ha impulsado un fenómeno que el académico llamó AI washing: empresas que declaran ser «de IA» solo para captar inversión, aun sin contar con modelos reales o infraestructura tecnológica robusta.

Gobernanza corporativa

El académico destacó la expansión del modelo Public Benefit Corporation (PBC), que redefine el deber fiduciario: ya no orientado solo a los accionistas, sino también al «interés público». OpenAI es uno de los casos emblemáticos, tras una serie de reestructuraciones internas y regulatorias que llevaron a su fundación original a controlar el 26% de la compañía, equivalente a alrededor de US$ 135 mil millones.

Anthropic, por su parte, añadió un componente aún más inédito: un Long-Term Benefit Trust, responsable de elegir a los directores de la compañía y, con el tiempo, de controlar su gobernanza mayoritaria. Esto crea un sistema donde la toma de decisiones responde a horizontes intergeneracionales, no solo al retorno inmediato del capital.

Para los inversionistas tradicionales, sin embargo, estas nuevas estructuras introducen incertidumbre. «Será casi imposible determinar accountability cuando una empresa puede justificar sus decisiones como ‘beneficio para la humanidad», advirtió.

Estados Unidos, China y la regulación

Epstein subrayó que esta revolución no puede entenderse sin considerar el contexto geopolítico. La competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial es hoy uno de los principales motores de inversión y diseño regulatorio. Mientras Europa avanza hacia marcos estrictos que Washington considera sobre-regulados, los estados estadounidenses han comenzado a crear legislación propia, como California o Nueva York, generando tensiones con la intención federal de establecer un estándar único.

«Una empresa no puede operar con 50 regulaciones estatales distintas», enfatizó. La disputa por quién regulará la IA, los estados, el Congreso o las agencias federales, aún no está definida.

Lecciones para Chile

Según el experto,  la IA disminuirá la asimetría de información entre gerencias y directores. En Estados Unidos, algunas empresas ya avanzan hacia modelos de información continua, donde los directores tienen acceso permanente a datos operativos, y no solo a presentaciones trimestrales.

Esto exigirá nuevas capacidades digitales, procesos de formación continua y probablemente un recambio generacional dentro de los directorios. También requerirá que las empresas aborden los riesgos asociados al uso de IA: ciberseguridad, veracidad de datos, sesgos algorítmicos y límites éticos.

Y dejó un buen mensaje sobre cultura organizacional: Silicon Valley avanza porque tolera el error. «En Chile, fracasar sigue siendo un tabú. Pero en Silicon Valley, probar y equivocarse es parte esencial del éxito», concluyó.

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