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13/04

Sostenibilidad en la Encrucijada: cuatro caminos posibles para el futuro del desarrollo sustentable

Más de la mitad de los expertos cree que se necesita una revisión radical de la agenda actual. Solo un exiguo 6% considera que el camino trazado es el correcto. Y mientras en Europa y África los cuestionamientos son más duros, en Asia-Pacífico y América Latina hay más optimismo sobre el rumbo, aunque también reconocen la necesidad de ajustes.

Hay momentos en que el espejo devuelve una imagen incómoda. Eso es exactamente lo que sucedió cuando más de 800 expertos en sostenibilidad, desde 72 países, respondieron a una pregunta sencilla pero potente: ¿Está funcionando la actual agenda global de sostenibilidad? La respuesta fue casi unánime: no.

El informe «Sustainability at a Crossroads 2025″, elaborado, a nivel mundial, por las consultoras GlobeScan, ERM y Volans, traza un mapa de preocupaciones, frustraciones, propuestas y nuevas rutas para un campo que, tras décadas de institucionalización, está pidiendo un giro. ¿Cuál? No hay una sola respuesta. Pero hay señales claras de que el status quo está en entredicho.

Una agenda bajo sospecha

Más de la mitad de los expertos cree que se necesita una revisión radical de la agenda actual. Solo un exiguo 6% considera que el camino trazado es el correcto. Y mientras en Europa y África los cuestionamientos son más duros, en Asia-Pacífico y América Latina hay más optimismo sobre el rumbo, aunque también reconocen la necesidad de ajustes.

El balance de los últimos años no deja mucho margen para la autocomplacencia: el 50% califica el progreso hacia el desarrollo sostenible como «pobre», y otro 44% lo ve apenas como neutral. Solo el 5% considera que el desempeño ha sido excelente.

El elefante en la sala: backlash y desconfianza

El auge del ESG ha venido acompañado de su propio contrapeso: la reacción. En 2025, un 70% de los expertos advierte una oleada de backlash contra la agenda sostenible, fenómeno particularmente intenso en América del Norte, donde la cifra sube a un preocupante 91%. En contraste, en Asia-Pacífico, un 61% no percibe esa hostilidad.

Esta percepción de resistencia social y política se suma a un dato aún más preocupante: la caída en la confianza hacia actores clave como las ONG, las alianzas multisectoriales e incluso Naciones Unidas. Los movimientos sociales y los marcos internacionales, como los ODS o el Acuerdo de París, otrora pilares del relato sustentable, hoy muestran una eficacia decreciente.

¿Quién sí genera confianza?

A contracorriente, las instituciones académicas y de investigación emergen como las más valoradas por su impacto y credibilidad. Su capacidad para generar innovación, evidencia y marcos críticos parece hoy más relevante que nunca.

El informe analiza 64 posibles acciones para impulsar la sostenibilidad en los próximos cinco años, evaluándolas por su impacto potencial y su viabilidad. El resultado es un «cuadro de mando» que distingue entre aquellas ideas poderosas pero difíciles de implementar (como la redistribución de la riqueza o la justicia climática vía tribunales), y aquellas que combinan alto impacto con alta factibilidad, como:

  • Finanzas sostenibles y bonos verdes
  • Economía circular y productos con mejor desempeño ambiental
  • Integración de la sostenibilidad al core del negocio
  • Educación y formación de líderes sostenibles
  • Activismo político y cobertura mediática crítica

En la dimensión pública, las políticas de precio al carbono y la planificación urbana sostenible aparecen como intervenciones altamente efectivas y viables. Desde la sociedad civil, el foco se pone en educación, campañas ciudadanas y presión mediática como motores de cambio.

Las tribus del cambio: cuatro visiones en disputa

Uno de los aportes más importantes del informe es la segmentación de los expertos en cuatro “escuelas de pensamiento”. Son como tribus con distintas brújulas éticas y estratégicas, pero unidas por un deseo común de transformación, señala el documento:

  1. Tradicionalistas (42%)
    Sostienen que el camino actual necesita ajustes, no revoluciones. Valoran los marcos existentes (como los ODS) y desconfían de medidas disruptivas. Son mayoría en Asia y América Latina.
  2. Pathfinders (23%)
    Reformistas pragmáticos, apuestan por soluciones escalables desde el mundo empresarial, financiero y estatal. Confían en la innovación y la colaboración público-privada.
  3. Radicales (26%)
    Rechazan la institucionalidad vigente. Defienden un cambio estructural profundo, con justicia climática, redistribución de poder y presión desde la sociedad civil. Dominan en Europa, América del Norte y Oceanía.
  4. Institucionalistas (9%)
    Menos visibles pero influyentes, proponen fortalecer los marcos regulatorios, la gobernanza y la rendición de cuentas. Son tecnócratas de la sostenibilidad.

Esta taxonomía permite entender las tensiones actuales: los insurgentes (Pathfinders y Radicales) quieren ir más rápido y más lejos, mientras que los incumbentes (Tradicionalistas e Institucionalistas) prefieren ajustes dentro del sistema.

¿Y ahora qué?

El informe no concluye con un llamado apocalíptico ni con una receta mágica. Más bien, propone reconocer que estamos ante una encrucijada real, pero también una oportunidad colectiva.

«La agenda no está en crisis existencial, pero sí exige una reinvención valiente», dice el documento. ¿Cuál es la clave? Alinear impacto con factibilidad. Eso implica abandonar tanto el inmovilismo como las promesas imposibles, para enfocarse en acciones transformadoras, concretas y posibles.

Porque si algo queda claro es que la sostenibilidad ya no puede navegar con piloto automático, sentencia el documento.