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06/06

Sostenibilidad y finanzas: el rol del CFO ante los nuevos riesgos climáticos y sociales

En un encuentro en la Cámara de Comercio Franco Chilena, liderado por Forvis Mazars y ESGHOY, la CFO de la aseguradora Southbridge explicó cómo se vive la sostenibilidad desde una Empresa B, que ha integrado la sostenibilidad en la gestión financiera, medición de riesgos climáticos, huella de carbono y la toma de decisiones estratégicas.

En un contexto en que la sostenibilidad avanza desde el reporte hacia la gestión concreta de riesgos, métricas e impactos, el rol del CFO o gerente de finanzas se vuelve cada vez más relevante en el mundo corporativo.

Esa, al menos, fue una de las ideas centrales abordadas durante el encuentro de la Comunidad ESG de la Cámara de Comercio Franco Chilena (CCI France Chili), liderada por Forvis Mazars y ESGHOY donde la invitación apuntó a desmenuzar el «Impacto financiero de variables ambientales y sociales,  IFRS S1 y S2».

¿Qué relación tienen la sostenibilidad y las finanzas? La sostenibilidad y las finanzas se relacionan porque los riesgos ambientales, sociales y climáticos pueden impactar el balance, la estrategia, las inversiones, los costos, las provisiones y la resiliencia futura de una empresa. Cumplen un rol clave en medir, gestionar y traducir los criterios ESG en decisiones concretas.

La directora de Finanzas, Actuarial & Sostenibilidad de Southbridge, Beatrice Lapeyre, presentó la experiencia de la compañía en la integración de criterios ESG  en el negocio asegurador, donde explicó que los riesgos climáticos no son solo una preocupación ambiental: pueden traducirse en mayores pérdidas, cambios en la siniestralidad, ajustes en precios, decisiones de cobertura y nuevas oportunidades de negocio.

A partir del caso de la aseguradora Southbridge los asistentes pudieron dimensionar la importancia de trabajar en sostenibilidad como herramienta de gestión financiera y estratégica.

Democratizar acceso a seguros

Southbridge, que  forma parte del grupo Fairfax, con 45 años de trayectoria en Chile, definió como propósito democratizar el acceso a los seguros para generar un impacto positivo en las personas, las empresas y el planeta. Es Empresa B desde 2021.

Uno de los puntos centrales de la exposición fue la ubicación de la sostenibilidad dentro del área financiera. Lapeyre explicó que esa decisión responde a una visión estratégica: el CFO participa en la construcción de la estrategia de largo plazo, monitorea la salud financiera de la compañía, trabaja con información contable y debe observar los riesgos que pueden impactar el balance. Además, en el nuevo contexto de reportabilidad, los datos ESG y los indicadores de sostenibilidad deberán tener cada vez mayor trazabilidad, consistencia y conexión con auditorías y memorias corporativas.

Desde esa mirada, la sostenibilidad no se entiende solo como cumplimiento o comunicación corporativa, sino como un componente de la resiliencia financiera. Lo que se vuelve especialmente evidente, por la naturaleza del negocio asegurador: los riesgos físicos asociados al cambio climático pueden modificar la probabilidad de siniestros, tensionar los modelos de cobertura y obligar a revisar la forma en que se evalúan los proyectos, territorios y activos asegurados.

Para avanzar en esa integración, Southbridge realizó un análisis de doble materialidad en el que evaluó 22 temas y priorizó cuatro: experiencia de cliente, gobierno corporativo, productos sostenibles y cambio climático. El ejercicio permitió ordenar los principales focos de gestión y conectar los temas ESG con ámbitos directamente vinculados al negocio, desde la relación con clientes hasta la exposición climática y la creación de nuevas soluciones aseguradoras.

La exposición se dio en el contexto de las nuevas exigencias regulatorias de la Comisión para el Mercado Financiero, a partir de las memorias integradas 2026, con las normas NIIF 21 y NIIF S2.

Modelar el riesgo

El bloque más técnico de la presentación estuvo centrado en la medición del riesgo climático físico. La compañía ha trabajado en la valorización de la pérdida máxima posible ante distintos eventos, considerando riesgos como tsunami, sequía, inundación, calor extremo y clima invernal. Para ello, proyecta su cartera modelando eventos con distintas intensidades, por ejemplo aquellos que podrían ocurrir una vez cada 50, 100 o 250 años.

En el caso de las inundaciones, por ejemplo, se analiza la cantidad de precipitación y se asocia a una curva de daño sobre los activos asegurados. Luego, esa información se cruza con la localización geográfica de los clientes y con escenarios de evolución climática. Según se expuso, las inundaciones aparecen como uno de los riesgos más relevantes para la compañía: un evento de alta intensidad podría significar pérdidas por US$188 millones antes de considerar el efecto de los reaseguros.

El ejercicio permitió dimensionar el posible aumento de la siniestralidad de la compañía en el tiempo. De acuerdo con la presentación, si su cartera actual no cambia, la siniestralidad podría aumentar 8% hacia 2030 y 23% hacia 2050. Ese dato, explicó Lapeyre, obliga a mirar el problema desde una perspectiva estratégica: una empresa puede optar por subir precios, lo que impactaría a los clientes, o avanzar en medidas de prevención, acompañamiento y mitigación de riesgos junto a los asegurados.

La relevancia de los datos

Lapeyre reconoció que cerca del 80% de la data con que trabajan está en buen estado, mientras que el 20% restante aún requiere mejoras.

La conversación también abrió una discusión sobre el vínculo entre cambio climático, estados financieros y provisiones. Ante una pregunta sobre si estos impactos ya se reflejan en los estados financieros, Lapeyre explicó que, por ahora, los riesgos medidos no se consideran de corto plazo y por eso no se están provisionando. Sin embargo, la compañía sí los está incorporando en su memoria anual y en sus procesos de suscripción, especialmente al evaluar la ubicación futura de ciertos proyectos.

En el caso de una planta fotovoltaica, por ejemplo, la empresa puede analizar si el lugar estará expuesto a zonas inundables en el futuro antes de decidir si asegura o no ese riesgo.

Las emisiones de Alcance 3

Lapeyre explicó que en su industria las emisiones de alcance 1 y 2 suelen ser relativamente bajas, debido a que la operación directa se concentra principalmente en oficinas y consumo eléctrico. El desafío mayor está en el alcance 3, particularmente en la cartera de inversión y en la cartera asegurada. Según la presentación, el scope 3 representa 98,7% de la huella total de la compañía, lo que muestra que el principal impacto no está en la operación directa, sino en las actividades financiadas, invertidas o aseguradas por la organización.

Para medir la huella, Southbridge analiza las emisiones publicadas por las empresas en las que mantiene acciones o bonos corporativos y calcula la proporción correspondiente a su inversión. En la cartera de seguros, el ejercicio se realiza observando la huella de las empresas aseguradas y estimando la proporción atribuible al capital asegurado por la compañía. Lapeyre reconoció que estos indicadores no son perfectos, pero planteó que permiten transparentar la exposición y sensibilizar a los comités internos sobre los riesgos de transición asociados a empresas con alta intensidad de carbono.

El avance de los paramétricos

Consultada por experiencias internacionales donde algunas zonas o industrias quedan con menor acceso a cobertura, Lapeyre señaló que en Chile ya existen dificultades en ciertos sectores, como el forestal, donde los incendios han vuelto más complejo encontrar seguros a precios razonables. En ese punto, comparó la experiencia chilena con modelos europeos que consideran mecanismos público-privados, donde el Estado absorbe una primera capa de riesgo catastrófico y luego participan los aseguradores.

Dentro de las oportunidades, mencionó el avance de los seguros paramétricos, especialmente para pymes y casos de interrupción de negocios asociados a eventos climáticos o logísticos. Este tipo de productos, que se activan a partir de parámetros objetivos previamente definidos, podría convertirse en una herramienta relevante para ampliar cobertura frente a riesgos que hoy no siempre están considerados en los seguros tradicionales.

El ejercicio

La jornada concluyó con un ejercicio práctico en el que los asistentes analizaron una empresa ficticia que analizaba reducir su tasa de rotación de 10%, tres puntos más alta que el año anterior. La dinámica invitó a identificar costos asociados, posibles acciones, beneficios esperados, datos necesarios y áreas internas que debían participar en la toma de decisión.

El ejercicio reflejó uno de los aprendizajes centrales de la jornada: la sostenibilidad requiere traducirse en información concreta para que los comités de gerencia puedan decidir. Ya sea frente al cambio climático, la huella de carbono, la rotación laboral o la creación de nuevos productos, el desafío no está solo en declarar compromisos, sino en construir métricas, identificar impactos financieros y conectar a las áreas que tienen los datos, los riesgos y la capacidad de actuar.

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