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12/06

Súper Niño 2026 amenaza con tensionar el agua, los alimentos y los bosques

Sequías, inundaciones, incendios forestales y presión sobre los sistemas alimentarios podrían intensificarse si se consolida un evento extremo de El Niño este año. Expertos del World Resources Institute advierten que el fenómeno llegaría en un escenario global más vulnerable por el cambio climático, el encarecimiento de insumos agrícolas y la fragilidad de los ecosistemas.

El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur, conocido como El Niño, ocurre naturalmente cada dos a siete años y altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta, pero el evento que podría desarrollarse este año preocupa por su potencial intensidad.

Según un análisis del World Resources Institute, elaborado por Sarah Parsons, especialistas  advierten que un posible «Super Niño» podría intensificar los riesgos sobre el agua, los alimentos y los bosques. En términos prácticos: podría traducirse en sequías más prolongadas, inundaciones más severas, tormentas, calor extremo e incendios forestales de mayor magnitud.

Los últimos 11 años han sido los más cálidos desde que existen registros, lo que significa que cualquier alteración climática natural parte desde una base más vulnerable. A ello se suma que los sistemas alimentarios globales ya enfrentan tensiones por el encarecimiento del combustible, los fertilizantes y el transporte.

Agua: menos disponibilidad o más inundaciones

El fenómeno podría provocar sequías en algunas regiones y lluvias intensas en otras, lo que obliga a los países a prepararse para escenarios opuestos: escasez hídrica e inundaciones.

Según el análisis de WRI, las zonas con mayor probabilidad de enfrentar sequías durante este evento incluyen el Caribe, Centroamérica, el norte de Brasil, el centro y norte de India, el centro y sur de África, Indonesia, Filipinas y Australia. Podrían reducir la disponibilidad de agua, afectar la producción agrícola y aumentar la presión sobre embalses y aguas subterráneas.

Las precipitaciones superiores a lo normal, se darían en Estados Unidos, partes de Perú y Ecuador, África oriental, zonas de Medio Oriente y Asia Central. Chile también aparece en los análilsis de los expertos. Si bien las lluvias pueden ayudar temporalmente a recargar embalses, también pueden saturar infraestructura, aumentar el riesgo de desbordes y generar daños en comunidades vulnerables.

La experiencia del fenómeno de El Niño 2023-2024 mostró que las medidas preventivas pueden reducir pérdidas: reparación de sistemas de riego, refuerzo de defensas contra inundaciones, entrega de transferencias monetarias para evacuaciones tempranas y distribución de semillas resistentes a la sequía son algunas de las acciones que pueden ayudar a proteger a las comunidades.

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Alimentos: un sistema más expuesto a sequías, calor y costos

Las temperaturas más altas aumentan la evaporación y extraen más humedad del suelo y de las plantas. Esto puede acelerar el estrés hídrico de los cultivos, afectar al ganado y empeorar las sequías incluso cuando la falta de lluvia sea similar a la observada en eventos anteriores.

El riesgo es especialmente alto para zonas agrícolas de secano, países dependientes de importaciones y comunidades que ya enfrentan inseguridad alimentaria. En el sur de África, por ejemplo, eventos previos de El Niño han reducido la producción de cereales debido a temporadas más secas y calurosas, aumentando la necesidad de importar alimentos.

La situación se vuelve más compleja por la presión sobre los precios del combustible y los fertilizantes. Estos insumos son esenciales para la agricultura moderna: el combustible permite operar maquinaria, transportar productos y mantener cadenas de frío; los fertilizantes sostienen la productividad de los cultivos. Si sus precios se mantienen altos, los agricultores podrían sembrar menos, aplicar menos fertilizante o enfrentar mayores dificultades para distribuir alimentos.

El resultado podría ser una combinación difícil: menor producción en algunas regiones, mayores costos para los productores y aumento de precios para los consumidores. Incluso después de que El Niño termine, sus efectos pueden mantenerse durante varias temporadas, ya que las malas cosechas, las pérdidas de ganado, la deuda y la reducción de ahorros familiares afectan la capacidad de recuperación de los hogares rurales.

Bosques: mayor riesgo de incendios en ecosistemas vulnerables

Sudamérica aparece como una de las regiones más expuestas. En la Amazonía, El Niño tiende a reducir las lluvias durante la estación húmeda, dejando la temporada seca siguiente en condiciones más propicias para incendios. Esto es especialmente grave porque los bosques amazónicos no están adaptados al fuego.

Los eventos intensos de El Niño de 2015-2016 y 2023-2024 dejaron señales claras. En 2016 y 2024, los incendios quemaron más de 2,3 millones de hectáreas de bosque en Brasil, más de cuatro veces el promedio anual registrado entre 2001 y 2025, de acuerdo con datos citados por WRI desde Global Forest Watch.

El riesgo también podría aumentar en el sudeste asiático, Australia y Canadá, aunque los impactos dependerán de la interacción con otros fenómenos climáticos, como el Dipolo del Océano Índico.

Súper Niño: alertas tempranas, prevención y gestión territorial

Los sistemas de alerta temprana, el monitoreo satelital de incendios, la planificación hídrica, la protección de infraestructura crítica y el apoyo a agricultores pueden marcar la diferencia entre una crisis controlada y una emergencia de gran escala.

En materia forestal, WRI destaca la importancia de reducir la deforestación, limitar la construcción de caminos en bosques intactos, evitar la degradación de ecosistemas y fortalecer la gestión territorial junto a comunidades locales e indígenas. La evidencia muestra que la gestión comunitaria del fuego puede reducir la carga de combustible vegetal y disminuir el riesgo de incendios catastróficos.

En alimentos, el desafío es reducir emisiones de la agricultura y la deforestación, disminuir el desperdicio de alimentos, usar de manera más eficiente la tierra, el agua y los fertilizantes, y fortalecer la cooperación internacional para responder a crisis regionales.

Para Chile y la región, la advertencia es clara: los eventos climáticos extremos ya no pueden abordarse solo como emergencias puntuales. Requieren planificación, inversión en adaptación, datos actualizados y políticas públicas capaces de anticipar impactos en agua, agricultura, biodiversidad e infraestructura.