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13/06

Talento, sostenibilidad y gobierno corporativo: el nuevo mercado laboral hacia 2026

La transformación del empleo, la presión por productividad, la irrupción de la inteligencia artificial y los nuevos estándares de gobernanza están redefiniendo cómo las empresas gestionan su capital humano. Hacia 2026, el talento se consolida como un eje central de la sostenibilidad corporativa.

Hablar de sostenibilidad hoy no se limita al impacto ambiental o al cumplimiento regulatorio. Se juega, cada vez más, en su capacidad de atraer, desarrollar y gobernar talento en un entorno de alta exigencia, transformación tecnológica y presión por productividad. El mercado laboral que se proyecta hacia 2026 no solo será más selectivo, sino también un reflejo directo de cómo las organizaciones entienden su responsabilidad social, su gobernanza y su visión de largo plazo.

El mercado laboral ha atravesado una intensa secuencia de ajustes: pandemia, reactivación, inflación, automatización acelerada y cambios profundos en la forma de trabajar. Al proyectar lo que viene, una idea es clara: el empleo no desaparece, pero cambia. Será menos masivo, más exigente y crecientemente especializado.

Las empresas ya no piensan en crecer incorporando grandes dotaciones, sino en sumar talento específico, capaz de aportar valor desde el primer día. La combinación entre presión por eficiencia, control de costos y uso creciente de inteligencia artificial ha desplazado el foco desde el volumen hacia la precisión. Este cambio no solo responde a razones económicas, sino también a la necesidad de construir organizaciones más sostenibles, resilientes y eficientes en el uso de recursos, incluido el capital humano.

En este escenario, la entrada en vigencia de la ley que promueve una mayor presencia de mujeres en directorios adquiere un sentido particularmente relevante desde una mirada ESG. Más allá de la equidad, diversos estudios muestran que directorios más diversos toman mejores decisiones, gestionan mejor los riesgos y tienen una visión más amplia del impacto de largo plazo. En un contexto donde la sostenibilidad exige buen gobierno corporativo, la diversidad, incluida la de género, se consolida como un habilitador clave para organizaciones más responsables y estratégicas.

Uno de los principales motores de empleo será la tecnología aplicada al negocio. No solo en empresas tecnológicas, sino en su incorporación transversal en sectores como banca, retail, minería y energía. La inteligencia artificial no reemplaza masivamente puestos, pero sí redefine qué roles se justifican y cuáles no. La demanda se concentrará en profesionales capaces de entender procesos, analizar información y traducir tecnología en resultados concretos, con una mirada ética y sostenible de su implementación.

Talento en gestión ambiental

Otro ámbito con proyección relevante es energía y sostenibilidad. Más allá del discurso ESG, existe una necesidad real de talento en gestión ambiental, cumplimiento regulatorio, energías renovables y en la integración de criterios de sostenibilidad en la operación diaria. Dejará de ser un rol aislado para transformarse en una competencia transversal, especialmente en contextos de inversión más selectiva y mayor escrutinio público.

La logística y el supply chain seguirán tensionados. El comercio electrónico, la sofisticación de la distribución y la presión por eficiencia operacional mantendrán la demanda por talento en planificación, mejora continua y automatización, con foco en reducir impactos, optimizar recursos y fortalecer cadenas de suministro más responsables.

A esto se suma el sector salud y cuidado, impulsado por el envejecimiento de la población. Crecerá no solo la demanda por perfiles clínicos, sino también por roles de gestión y liderazgo que integren tecnología, eficiencia y uso inteligente de recursos escasos.

Más que sectores que desaparecen, se observa una transformación profunda de ciertos roles, especialmente aquellos asociados a tareas administrativas repetitivas, cada vez más absorbidas por soluciones tecnológicas. Algo similar ocurre en marketing y comunicaciones, donde los perfiles generalistas pierden espacio frente a quienes dominan data, tecnología y negocio, alineando creatividad con impacto y medición.

Hacia 2026, el principal desafío no será la falta de personas, sino la escasez de talento preparado para operar en entornos de alta exigencia y productividad. La empleabilidad se instala como eje central, lo que explica también la revalorización del talento senior, donde la experiencia, el criterio y la toma de decisiones responsables marcan diferencias.

El cambio de fondo es estructural: las contrataciones son menos impulsivas, más lentas y estratégicas. Cada incorporación debe justificar su impacto. En un entorno donde sostenibilidad, productividad y buen gobierno convergen, el mercado laboral premiará especialización, aprendizaje continuo y capacidad de adaptación a un mundo donde el trabajo humano y la tecnología conviven cada vez más estrechamente.