opina
13/04

Tarifas con esteroides y sin fronteras: la diplomacia del berrinche global

En América Latina ya se habla de "contagio tarifario", donde los países de la región podrían verse forzados a devaluar para compensar la pérdida de competitividad, con impacto directo en salarios reales, consumo e inversión.

A estas alturas, lo de Donald Trump ya no sorprende. Pero preocupa, y mucho. Su guerra inédita de tarifas ha reventado los mercados como quien patea un avispero con finas botas de golf y un sofisticado tramado capilar.

Sin descaro o sensatez, Trump ha anunciado erráticos aranceles sobre el 100%, según la semana que se analice, para importaciones chinas, incluyendo productos de alta tecnología, acero y maquinaria pesada. Como si eso fuera poco, propone tarifas base del 10% a todas las importaciones, una medida que ya en 2018 costó más de US$1.400 millones mensuales, según el National Bureau of Economic Research. ¿Quién paga esa fiesta? Exacto: los impotentes consumidores (mundiales).

Pero esta vez el tiro rebota con más fuerza en mercados emergentes. En América Latina, donde muchas economías dependen de exportaciones indirectas a EE.UU. vía cadenas de suministro global, el golpe será triple: más inflación importada, menos competitividad y mayor incertidumbre financiera. La nueva ola de aranceles amenaza con encarecer alimentos, insumos agrícolas y componentes electrónicos. La pregunta no es si pasará, sino cuándo y por cuánto tiempo.

En paralelo, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, advirtió que las medidas propuestas por Trump son altamente probables de aumentar la inflación, y que sus efectos podrían ser más persistentes de lo anticipado (Forbes, abril 2025), poniendo en jaque cualquier plan de estabilización monetaria. ¿Y Trump? Cuan emperador romano, respondió pidiendo “su cabeza” ante tal desatino del servidor público desalineado. Una escena digna de un thriller institucional, pero sin música de fondo.

En América Latina ya se habla de «contagio tarifario», donde los países de la región podrían verse forzados a devaluar para compensar la pérdida de competitividad, con impacto directo en salarios reales, consumo e inversión. Ya ocurrió antes: según diversas estimaciones independientes, incluyendo análisis del Peterson Institute, sugieren que la guerra comercial anterior pudo reducir el PIB global en hasta 0,7% anual, con impacto desproporcionado en economías emergentes. Y mientras tanto, la política pública global se diseña al calor del capricho y sin hoja de ruta. Donde antes había diplomacia, hoy hay pulsos. Donde había acuerdos, hoy hay burdas amenazas.

La verdad incómoda es que los mercados emergentes no tienen cómo defenderse. No votan en Estados Unidos, no vetan en la OMC, y no cuentan con colchones fiscales. Pero sí tienen que pagar la cuenta. ¿Y la narrativa? Make America Great Again “a costa de todos los demás”, en una triste diplomacia del berrinche global.

Para contrarrestar esta tormenta económica, América Latina debe replantear sus alianzas comerciales, diversificar sus mercados de exportación y reforzar su independencia económica. Y más importante aún, los gobiernos de la región deben exigir un sistema comercial global basado en la diplomacia, no en caprichos impulsivos. América Latina no tiene por qué seguir siendo el peón en este juego de ajedrez global.