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11/05

Taxonomías verdes: ¿están cambiando realmente las finanzas sostenibles?

Basadas en un análisis difundido por illuminem, las taxonomías verdes buscan definir qué es “sostenible” y ordenar el mercado, pero su impacto real en las finanzas sostenibles sigue siendo objeto de debate.

Las taxonomías verdes se han consolidado como una herramienta central dentro de las finanzas sostenibles, al establecer criterios para definir qué actividades pueden considerarse realmente «verdes». Su objetivo es ordenar un mercado marcado por definiciones dispares, orientar la inversión y alinear los flujos de capital con metas globales como el Acuerdo de París. Pero ¿están cambiando de verdad las finanzas sostenibles? o ¿su impacto sigue siendo principalmente declarativo?.

Un análisis, elaborado por Globalfields, empresa global enfocada en financiamiento climático y gobernanza, reconoce que estas herramientas han permitido avanzar en transparencia y construir un lenguaje común para la sostenibilidad. Además de reducir la confusión del mercado y contener prácticas de greenwashing, al establecer criterios más claros sobre los beneficios ambientales de una inversión.

¿El problema? Clasificar no es lo mismo que transformar. La existencia de taxonomías no garantiza, por sí sola, que el capital se reasigne de manera efectiva hacia actividades sostenibles ni que se acelere la transición económica. La pregunta, entonces, no es si son necesarias, sino si son suficientes.

El concepto aún no es universal

Uno de los principales desafíos es que no existe una única forma de definir lo «verde». El informe identifica al menos tres enfoques: modelos basados en listas cerradas, criterios técnicos con umbrales específicos y marcos más flexibles basados en principios. Cada uno responde a distintos niveles de rigor y aplicabilidad, pero también refleja que la sostenibilidad sigue siendo un concepto en disputa .

Esta diversidad se amplifica a nivel global. Las taxonomías nacionales permiten adaptar los criterios a las realidades económicas de cada país, por ejemplo, priorizando sectores clave como la agricultura en Colombia o la minería en países como Chile, pero también generan un efecto colateral: la fragmentación.

En el caso de Chile, el desafío de la taxonomía no está solo en definir qué es «verde», sino en cuánto esa definición logra incidir efectivamente en las decisiones de inversión.

Existen más de 30 taxonomías verdes en el mundo y cerca de 50 en desarrollo. Las diferencias entre ellas no son menores. Mientras algunas incluyen actividades de transición, como ciertos proyectos energéticos, otras las excluyen completamente. Esta falta de alineación complica la inversión internacional, aumenta los costos de cumplimiento y debilita la comparabilidad entre mercados.

Entre rigor y flexibilidad

El debate no es solo técnico, también estratégico. Las taxonomías más exigentes, como la de la Unión Europea, han logrado posicionarse como referencia global gracias a su base científica y su capacidad de generar confianza. En paralelo, modelos como el de la ASEAN han optado por enfoques más flexibles, incorporando categorías intermedias que reconocen las distintas velocidades de transición entre economías .

Un marco demasiado estricto puede excluir actividades relevantes para la transición y desincentivar la inversión. Pero uno demasiado amplio puede diluir los estándares y abrir espacio a nuevas formas de greenwashing. La herramienta que busca dar claridad también puede generar nuevas ambigüedades, dice el análisis.

El rol (y los límites) del sector privado

Antes del avance de los marcos regulatorios, el sector privado tuvo un rol clave en el desarrollo de taxonomías, especialmente a través de estándares utilizados en los mercados de bonos verdes. Estas iniciativas permitieron acelerar el financiamiento sostenible en etapas tempranas, aportando flexibilidad y rapidez.

El informe advierte que algunos instrumentos catalogados como «verdes» terminaron financiando proyectos con impactos cuestionables, lo que afectó la credibilidad del mercado. Con el tiempo, esta situación ha impulsado una mayor alineación con marcos regulatorios más estrictos

Herramienta en evolución

Más que una solución definitiva, las taxonomías verdes aparecen como un proceso en desarrollo. Su efectividad dependerá de su capacidad para equilibrar dos dimensiones que hoy parecen tensionadas: la necesidad de estándares comunes que permitan comparabilidad global y la flexibilidad suficiente para adaptarse a contextos locales y sectoriales.

En ese equilibrio se juega su futuro. Porque, si bien han logrado ordenar una conversación cada vez más relevante, la gran pregunta sigue abierta: si ese orden será suficiente para cambiar realmente el rumbo de las finanzas sostenibles.

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