Diálogos Sostenibles
18/04

“Tenemos estimaciones, pero no datos reales”: el desafío de medir el desperdicio de alimentos en Chile

Carolina Pizarro, gerente de Sustentabilidad de AB Chile (Asociación de Alimentos y Bebidas de Chile) explica el nuevo Acuerdo de Producción Limpia que busca establecer una metodología común para cuantificar pérdidas y desperdicios en la industria, implementar estrategias de economía circular y pasar de estimaciones generales a datos concretos.

La industria de alimentos y bebidas inició un Acuerdo de Producción Limpia (APL) para cuantificar pérdidas y desperdicios, implementar estrategias de economía circular y establecer una metodología común en el sector.

En Chile se desperdician cerca de 1,6 millones de toneladas de alimentos al año, lo que equivale aproximadamente al 20% de los alimentos disponibles en el país. A nivel global, más del 30% de lo que se produce no se consume. Sin embargo, más allá de las cifras agregadas, el sector enfrenta una brecha estructural: no existen datos homogéneos y validados a nivel industria.

«Tenemos estimaciones, pero no datos reales», señala Carolina Pizarro, gerente de Sustentabilidad de AB Chile, gremio que reúne a 27 grandes empresas productoras de alimentos y bebidas, en conversación con ESGHOY en una nueva edición de Diálogos Sostenibles.

 

 

El desafío, explica, es pasar de aproximaciones generales a una cuantificación concreta que permita gestionar y reducir de manera efectiva la pérdida y desperdicio de alimentos.

De la estimación a la medición

El Acuerdo de Producción Limpia (APL), que comenzó oficialmente el 2 de marzo y que tendrá una duración de dos años, tiene como primera meta establecer una metodología común de cuantificación. Para ello, el sector incorporará una herramienta metodológica desarrollada con apoyo de la Universidad UC Davis de California, con el objetivo de medir pérdidas y desperdicios en distintos eslabones de la cadena productiva.

«Tenemos que cuantificar para luego gestionar y tomar acción concreta», afirma Pizarro.

Hoy muchas compañías monitorean mermas o reprocesos internos, pero el acuerdo busca ordenar esos esfuerzos bajo un mismo marco conceptual y técnico.

Economía circular en el corazón 

La tercera meta del APL, que la entrevistada define como su «corazón», apunta a la implementación de estrategias concretas de economía circular una vez que las pérdidas estén cuantificadas.

Entre las iniciativas destacan:

  • Proyectos de upcycling alimentario, que permiten revalorizar subproductos para transformarlos en nuevos alimentos o ingredientes.
  • Optimización de sistemas de donación a través de la Red de Alimentos.
  • Mejora en procesos para evitar que productos próximos a vencer salgan del circuito de consumo.

El enfoque es claro: no todo lo que deja de ser parte del producto comercializable es un residuo sin valor. «Todavía tiene un valor en términos nutricionales, en términos de moléculas que pueden servir incluso para el campo nutracéutico», explica.

Packaging y prevención de pérdidas

El  Informe de Impacto Sostenible del gremio, que ya cuenta con dos ediciones, muestra avances en producción y modelo circular. Uno de los datos destacados es que el 68% del packaging utilizado por las empresas asociadas es reciclable.  En alimentos, el envase cumple un rol crítico en la inocuidad, protección y extensión de la vida útil del producto. Cambiar su materialidad implica innovación técnica relevante.

Además, el packaging adecuado, dice Pizarro, también contribuye a prevenir la pérdida y desperdicio de alimentos al proteger mejor el contenido durante transporte, almacenamiento y comercialización.

Alineamiento con políticas públicas

El APL se encuentra en sintonía con la Estrategia Nacional para la Reducción y Prevención de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos impulsada por el Ministerio del Medio Ambiente. El gremio participa además en el comité que aporta a su desarrollo. A nivel latinoamericano, el acuerdo chileno sería el primero enfocado exclusivamente en pérdida y desperdicio de alimentos.

Aunque el foco está en la industria, el consumidor también cumple un rol clave. Entre las acciones concretas:

  • Planificar las compras para evitar sobreabastecimiento.
  • Aplicar técnicas de conservación y congelación en el hogar.
  • Gestionar adecuadamente los residuos orgánicos, que representan cerca del 60% de lo que se dispone en la basura domiciliaria.

Este último punto se vincula con la Ley REP y la Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos. El desafío ahora es transformar estimaciones en datos concretos. Solo con medición común, innovación y coordinación entre industria, Estado y consumidores será posible reducir de manera estructural la pérdida y desperdicio de alimentos en Chile, advierte la ejecutiva.