Diálogos Sostenibles
17/05

Del piloto al mercado: el programa que busca escalar soluciones climáticas «hechas en Chile»

La iniciativa Decarb-volution, de ChileGlobal Venture y Corfo, busca acelerar emprendimientos verdes que ya tengan ventas y soluciones validadas. Esta es su segunda edición con foco en la transición climática desde la innovación. Hidrógeno verde, eficiencia energética y movilidad sostenible son algunas de las áreas prioritarias.

En un país que busca posicionarse como líder climático, la innovación ya no es un lujo: es una urgencia. Bajo esa premisa trabaja Chile Global Ventures, el brazo de inversión de Fundación Chile, que desde hace dos años lidera Decarb-volution, un programa que apoya con fondos públicos a startups que desarrollan soluciones para reducir emisiones. Y lo hace con un modelo seductor: equity free, sin pedir participación en la empresa a cambio.

“Queremos que estas startups climáticas sean motores de una nueva economía, más resiliente, regenerativa y descarbonizada”, resume Cristian Montoya, portfolio manager de la entidad, en este Diálogos Sostenibles.

 

¿Cómo les fue con la primera versión del programa?

El año pasado apoyamos a 25 startups con mentorías, masterclasses, validación de impacto climático y conexiones con Climate-KIC. Fue una versión muy exitosa.

La trampa de las pruebas piloto

El balance fue positivo, pero no sin lecciones. Una de las principales: la dificultad para que las soluciones lleguen a implementarse masivamente.

“Vimos que hay talento y tecnología, pero las startups aún enfrentan barreras para acceder a clientes corporativos y mercados internacionales”, advierte Montoya. Por eso, en esta segunda edición, la estrategia es clara: conectar a los emprendedores con grandes empresas y fondos de inversión.

¿Qué falta para que esas grandes compañías adopten estas tecnologías?

Muchas soluciones ya compiten en costo y calidad con las tradicionales, especialmente en energía solar. Pero falta voluntad de adopción y madurez del mercado. Nosotros queremos acelerar ese cruce.

Startups con impacto real

¿Qué deben tener las startups para ser parte de Decarb-volution? Tres ingredientes clave: impacto climático medible, modelo de negocio escalable y equipo comprometido y flexible.

“Nos han llegado proyectos que dicen tener impacto climático, pero es negativo. Por eso validamos todo. Y buscamos equipos que aprendan rápido, trabajen colaborativamente y sepan adaptarse”, explica Montoya.

El programa exige que las startups estén constituidas en Chile, tengan menos de seis años de antigüedad y ventas anuales entre $60 y $800 millones de pesos.

Dinero público para escalar

El apoyo incluye hasta US$ 46 millones por startup, entregados a través de Corfo. El fondo es equity free: los emprendedores no deben ceder participación ni devolver el dinero.

¿Qué han hecho las ganadoras con esos fondos?

Las ocho seleccionadas los han usado para hacer estudios de mercado, robustecer sus productos o preparar su desembarco en países como Perú. Estos fondos realmente las ayudan a escalar.

Algunas de las startups que han destacado en esta ruta son Botanitec, Pygman y Watermine, con soluciones que van desde bioinsumos agrícolas hasta gestión hídrica.

¿Qué tecnologías están más maduras?

Aunque no hay preferencias, Montoya reconoce que ciertos sectores muestran mayor desarrollo: eficiencia energética, economía circular y gestión del agua. Pero también hay interés en áreas emergentes como bioinsumos, captura de carbono y soluciones basadas en la naturaleza.

“Lo importante es que puedan integrarse rápidamente a las cadenas de valor existentes y tengan alto impacto por tonelada de CO2 evitada”, apunta.

Más que capital: una red para crecer

Chile Global Ventures es más que un programa. Operan fondos de venture capital, una red de inversionistas ángeles y modelos de innovación abierta con corporativos.

¿Las startups pueden entrar luego a esas otras redes?

Exactamente. Ofrecemos conexiones con expertos, corporativos y organismos públicos. Somos un hub que permite conectar todas las puntas, y tenemos buena llegada tanto en Chile como a nivel internacional.

¿Y qué falta para que Chile sea líder?

Más inversión privada especializada, políticas públicas que prioricen compras innovadoras, conexión con mercados globales y más redes de talento en tecnología profunda.

El ecosistema avanza. Pero, como plantea Montoya, aún hay grandes brechas por cubrir.