Tras largas negociaciones, los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea alcanzaron un acuerdo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90% para 2040, en comparación con los niveles de 1990. El acuerdo representa un hito crucial entre el objetivo actual de la UE de una reducción del 55% para 2030 y su meta legalmente vinculante de cero emisiones netas para 2050.
En el marco aprobado, los Estados miembros podrán cubrir hasta el 5 % de sus obligaciones de reducción de emisiones mediante la compra de créditos de carbono extranjeros. La UE también acordó estudiar la posibilidad de permitir un 5 % adicional mediante créditos internacionales en futuras revisiones. Estas disposiciones podrían reducir el requisito de reducción de emisiones nacionales a cerca del 85 %.
Cambios radicales
El objetivo de 2040 exigirá cambios radicales en los marcos regulatorios y de inversión de Europa. Definirá la arquitectura de la política climática posterior a 2030, incluidas las futuras reformas del Sistema de Comercio de Emisiones (ETS), la captura de carbono y las subvenciones a las energías limpias.
Para las empresas y los inversores, este objetivo ofrece una perspectiva a largo plazo para la asignación de capital. Refuerza las expectativas de un mercado de carbono más integrado y una aceleración del despliegue de tecnologías bajas en carbono en la industria pesada, el transporte y los sistemas energéticos.
Sin embargo, la inclusión de la flexibilidad en los créditos de carbono también introduce nuevas incertidumbres. Vincula una parte de los objetivos climáticos de Europa a los mercados globales de compensación, lo que plantea interrogantes sobre la calidad crediticia, la adicionalidad y la transparencia. Esta decisión podría influir en la dinámica futura del comercio en los mercados internacionales de carbono y condicionar la demanda de compensaciones verificadas por parte de las economías en desarrollo.