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29/08

ESGLIVE «Valor Productivo 2025»: estudio revela brechas territoriales y desafíos ambientales del modelo exportador chileno

El nuevo informe de Gestión Social y Criteria muestra que, si bien la ciudadanía chilena aprueba el modelo exportador primario, existe una visión crítica, especialmente en la Región Metropolitana, que contrasta con la percepción de las regiones donde se emplazan las industrias.

El modelo exportador chileno y su relación con el desarrollo, el medioambiente y las comunidades fueron el foco de la tercera versión del estudio «Valor Productivo», realizado por Gestión Social y Criteria.

En esta edición de ESGLIVE conversamos con sus autores, Elisa Giesen, socia de Gestión Social, y Matías Chaparro, director de Asuntos Públicos de Criteria, para desmenuzar los principales hallazgos del informe.

¿Resultado? «La ciudadanía aprueba en términos generales el modelo primario exportador, considerándolo compatible con el cuidado del medioambiente y las comunidades. Sin embargo, este año el estudio detectó la existencia de un grupo «detractor» minoritario.  «Este grupo tiende a encontrarse en la Región Metropolitana, en oposición a las regiones en donde se producen estas materias primas», explicó Giesen.

Matías Chaparro detalló que para entender mejor a este segmento crítico, se realizó una submuestra de 400 personas educadas y de altos ingresos en Santiago. «Entendiendo la distancia entre la aceptación teórica del modelo y la evaluación concreta que se hace de las empresas, observamos que la élite santiaguina tiene una visión más crítica y una peor evaluación del desempeño de las empresas», afirmó Chaparro.

Industrias en la mira: minería versus forestal y salmones

El estudio revela que existe una brecha significativa en la percepción entre los habitantes de la Región Metropolitana y los de las regiones en industrias como la fruticultura, salmones y forestal. En estos casos, la diferencia es de un 10% a favor de una evaluación más positiva en las regiones. Elisa Giesen atribuye esto a que «el territorio, de alguna u otra forma, les concede mayor confianza».

En contraste, la minería muestra una brecha mucho menor. La razón, según Giesen, es que se percibe como un producto «que es de todos los chilenos». Matías Chaparro agrega que su capilaridad en el país es mayor, ya que «muchas personas que trabajan en minería […] vienen del sur». A esto se suma la variable del «vínculo biográfico», que sugiere que las personas que trabajan en, han trabajado en, o conocen a alguien vinculado a una industria, la comprenden y evalúan mejor.

Medioambiente: la gran deuda pendiente

A pesar de la aceptación del modelo, las industrias obtienen las peores notas en las dimensiones ambientales. Elisa Giesen subraya que este es un foco de crítica constante. «Todas las industrias obtienen peores notas en las dimensiones ambientales», señaló, indicando que, si bien la percepción ha mejorado levemente desde 2023, no hay un salto significativo.

La fruticultura, sin embargo, se destaca con una mejor evaluación. Para Giesen, esto se debe a varios factores, como una industria más atomizada, un arraigo identitario con la vida en el campo y su menor asociación con conflictos ambientales de gran escala. Chaparro añadió que la industria frutícola ha estado más alejada de la conflictividad en comparación con la minería (uso del agua) o la forestal (conflictos con comunidades indígenas).

Países a seguir y el valor agregado

El informe también consultó a los chilenos sobre qué modelo de desarrollo debería seguir el país. Sorprendentemente, los encuestados mencionaron en primer lugar a China y Estados Unidos, dejando fuera a países con matrices productivas similares y altos niveles de desarrollo como Noruega, Australia o Nueva Zelanda.

«Esto es un síntoma de que Chile está mirando a los países equivocados», aseveró Elisa Giesen, explicando que la referencia a los países cliente es natural, pero no debería ser un modelo a seguir.

Sobre la discusión del valor agregado, Matías Chaparro destacó que existe en la población una «añoranza de la industrialización» y una expectativa de manufactura, lo que se ve reflejado en el debate sobre el litio. Este anhelo, que se extiende a distintos sectores de la sociedad, representa un riesgo al desviar la atención de la complejidad e innovación ya presentes en los procesos primarios exportadores.