Diálogos Sostenibles
11/04

Experto suizo explica el modelo Smart City y los desafíos para alcanzar en Chile ciudades más sostenibles

El subdirector del Instituto de Desarrollo Sostenible de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich, Vicente Carabias, estuvo en Chile en el marco de la Swiss Innovation Week 2025, donde abordó las claves del avance de su país y el desafío de América Latina. Llamó a romper las barreras entre universidad y empresa, "a veces la academia y el sector privado no conversan lo suficiente", dijo.

En el marco de la Swiss Innovation Week 2025, ESGHOY conversó con Vicente Carabias, investigador y subdirector del Instituto de Desarrollo Sostenible de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW) y responsable del programa Smart City de la ciudad de Winterthur.

Desde su rol académico y de gestión urbana, Carabias trabaja en la intersección entre investigación aplicada, innovación tecnológica y políticas públicas, buscando impulsar ciudades más eficientes, verdes y humanas.

Por primera vez en Santiago, compartió su impresión sobre la capital chilena: «al aterrizar ya se ven muchas plantas de energías renovables, se nota bastante desarrollo y cosas bonitas. Además, tuve suerte con el clima. Cruzar la cordillera de los Andes fue espectacular. Y la ciudad, claro, es enorme, no se puede comparar con las de Suiza». Y también su visión sobre la planificación urbana sostenible y los principales aprendizajes del modelo suizo que podrían inspirar a las urbes latinoamericanas.

Explicó que una ciudad inteligente «es aquella que usa bien sus recursos y mejora la calidad de vida», el concepto de Smart City en Suiza, dijo, se concibe como un medio para lograr un desarrollo sostenible: «Lo que buscamos es el uso eficiente de los recursos: utilizar menos energía, ser más eficientes y, con menos insumos, alcanzar los objetivos. Pero, al mismo tiempo, aumentar la calidad de vida. Lo que queremos es que la sociedad y la economía puedan desarrollarse sosteniblemente».

Para el académico, la inteligencia urbana no se limita a la adopción de nuevas tecnologías, sino a la capacidad de integrar innovación con bienestar. «No basta con tener sensores o datos; se trata de cómo se aplican esas herramientas para construir ciudades más humanas», añadió.

El caso Winterthur: innovación y co-creación

La ciudad de Winterthur, ubicada a pocos kilómetros de Zúrich, se ha convertido en un laboratorio vivo de innovación urbana. Allí, Carabias lidera un enfoque que combina tecnología, participación ciudadana y experimentación territorial.

«En la nueva estrategia de Smart City que revisamos este año tenemos dos pilares muy fuertes: la innovación y la co-creación. Queremos que todos los actores —la ciudadanía, las empresas, la academia y el sector público— participen en el desarrollo urbano. Si están todos involucrados desde el principio, las soluciones son más efectivas y sostenibles», precisó.

El académico subrayó que uno de los conceptos más relevantes es el de las «ciudades de 15 minutos»,  o  5 minutos en el caso de Winterthur, cercana a Zurich, donde los ciudadanos pueden acceder a sus necesidades básicas (trabajo, educación, salud, alimentación y recreación) en un radio cercano.

«Cuando logras que la gente no tenga que desplazarse tanto, no solo reduces emisiones, sino que mejoras la calidad de vida. En ciudades grandes como Santiago, esto puede adaptarse por comunas o municipios, pensando en escalas de 15 minutos», explicó.

Planificación, movilidad y calidad de vida

Durante su visita, Carabias reconoció el tamaño y complejidad de Santiago, pero también observó oportunidades: «Aquí hay mucho tráfico individual, eso complica la vida urbana. Hay que apoyar más el transporte público, incorporar trenes, tranvías, y reducir los vehículos que emiten dióxido de carbono. El problema del smog no es solo ambiental, sino también social».

El académico destacó que la transformación urbana no depende exclusivamente de grandes inversiones. “Por un lado está la innovación tecnológica, que requiere recursos, pero también existe la innovación social, donde la colaboración y los procesos participativos pueden generar cambios reales con costos mucho menores”, señala.

Según Carabias, mejorar los procesos de gestión, abrir espacios de diálogo y fomentar instancias de co-design entre actores públicos y privados puede tener tanto impacto como una obra de infraestructura. «La clave está en combinar las dos dimensiones: inversión y colaboración», resumió.

Lecciones desde el modelo suizo

Consultado sobre los aprendizajes que Chile podría tomar del modelo suizo, Carabias enfatiza la colaboración intersectorial como el elemento central. «El gran valor está en la cooperación. Cuando la administración pública, la academia, la ciudadanía y las empresas trabajan con un objetivo común, los resultados llegan. El problema surge cuando cada uno está separado y falta confianza. Por eso hablamos de co-creación y co-diseño: porque juntos se buscan e implementan soluciones», precisó.

También destaca la importancia del liderazgo urbano: «Siempre se necesita un champion, alguien que coordine y empuje. En nuestro caso, decimos que la ciudad es nuestro laboratorio: probamos soluciones, aprendemos, y si funcionan, las escalamos. Si no, se corrigen. Ese enfoque experimental es fundamental».

Un ejemplo concreto es el laboratorio de innovación en Winterthur, donde se probaron paneles solares instalados en el pavimento. «Permiten caminar o andar en bicicleta sobre ellos, y la energía recolectada alimenta estaciones de carga para bicicletas eléctricas. Desde el principio involucramos a la empresa desarrolladora, y eso facilitó su implementación», relató.

Naturaleza, energía y transporte: la visión hacia 2050

Carabias proyecta que el gran desafío hacia 2050 será enfrentar los efectos del cambio climático en las ciudades. «Vemos cada vez más calor urbano, y donde hay mucho asfalto la temperatura puede ser cinco grados más alta que en zonas con vegetación. Debemos permitir que la naturaleza vuelva a la ciudad: más árboles, más sombra, más frescura», sostuvo.

Su visión para las próximas décadas apunta a una combinación equilibrada entre infraestructura verde y energía renovable local. «Debemos aprovechar los edificios para instalar paneles solares en techos y fachadas, pero también incorporar vegetación. Si producimos la energía donde la consumimos, ganamos eficiencia. Y el transporte público y activo, en bicicleta o a pie, también son esenciales para ciudades más saludables».

La innovación como cultura

Suiza ha sido reconocida nuevamente como el país más innovador del mundo en el Global Innovation Index 2025, algo que, según Carabias, se explica por la solidez institucional y el vínculo entre academia y empresa.

«La educación es la base. Tenemos universidades públicas muy fuertes, apoyadas por los cantones y el Estado. En nuestro caso, la investigación es aplicada y transdisciplinaria: trabajamos en terreno, con la ciudad como laboratorio. Además, tanto el Estado como las empresas invierten fuertemente en innovación porque saben que el retorno beneficia al país y a la competitividad».

En su análisis, uno de los desafíos de América Latina está precisamente en romper las barreras entre universidad y empresa. «A veces la academia y el sector privado no conversan lo suficiente. Ese es un cambio que ya está empezando a ocurrir, pero aún es una deuda pendiente», afirmó.

 Carabias resumió de esta forma su visión sobre el desarrollo urbano sostenible:

«Todos debemos participar. La ciudadanía tiene intereses, pero también responsabilidades. Desde nuestro comportamiento diario, desde nuestros barrios, podemos contribuir con ideas y acciones que mejoren la vida donde vivimos. Y la interacción entre universidades, empresas y gobiernos es esencial para avanzar hacia ciudades más inteligentes y sostenibles».