Diálogos Sostenibles
13/06

Viña Emiiana: «Las credenciales de sustentabilidad han ayudado a navegar en la crisis del vino»

El 99,5% de sus residuos son vegetales, transformados en compost y devueltos como fertilizante, cuenta el gerente de sostenibilidad, Sebastián Tramon. No venden ni una gota de vino que no sea orgánico. Son Empresa B, están certificados como Comercio Justo y fueron la primera viña chilena en obtener Certificación de Agricultura Orgánica Regenerativa (ROC). Aquí el relato de cómo lo han logrado.

A Sebastián Tramon, el gerente de sostenibilidad de Viña Emiliana,  le dicen “Capitán Planeta” y, según la propia compañía en su web, «tiene uno de los trabajos más entretenidos, y a la vez complejos, de Emiliana. Por un lado, es responsable de sostenibilidad, donde supervisa las certificaciones orgánicas y biodinámicas. Y por otro, vela por la responsabilidad social, el comercio justo, proyectos ambientales y las iniciativas de investigación».

Fue el entrevistado de esta semana en Diálogos Sostenibles. Aquí habla de los 26 años que lleva la viña produciendo de manera orgánica, de cómo los residuos vegetales se han convertido en el gran fertilizante de las uvas, del desafío de haberse en transformado en Empresa B y trabajar, certificadamente, como Comercio Justo. En 2023 recibió la Certificación de Agricultura Orgánica Regenerativa (ROC), la primera viña chilena en obtenerlo.

Cuenta que todo partió por el liderazgo de los dueños, la familia Guillisasti, pero hoy «va mas allá de las personas». Tiene que ver con una gobernanza, con que se han formalizado procesos. Hoy tienen indicadores, KPI, gestión de desempeño asociada a la sostenibilidad.

En Emiliana la sustentabilidad, dice Tramon, «tiene tres grandes pilares»: ser orgánicos, cuidar el planeta y las personas y la comunidad. «Convertirnos en viña orgánica fue una tremenda transformación. Estamos hablando del año 1988, súper precursores. Era un modelo super desconocido en Chile. Hubo que enfrentar bastantes desafíos, desde técnicos, regulatorios, de exportación, un montón de cosas, pero los resultados y la situación al día de hoy dicen que valió la pena, haber tomado ese camino», explica de entrada. 

¿Dónde está situada la compañía? ¿Por qué valió la pena?

Llevamos 26 años en el negocio, siendo líderes en la producción de vino orgánico a nivel nacional y mundial, en términos de escala. No estamos hablando de una viña boutique o algo pequeñito, que se transformaron 50 hectáreas, sino que las mil hectáreas. Hoy no vendemos ni una gota de vino que no sea producido bajo la regulación orgánica. Estamos presentes en más de 50 mercados y somos reconocidos y referentes tanto en la certificación orgánica y como en otras. Tenemos siempre el desafío de estar empujando el carro de la sustentabilidad en el mundo vitivinícola. Hay hartos. Ahí estamos tratando de navegar esta crisis del vino que hay ahora y en la cual creemos que las credenciales de sustentabilidad han ayudado a navegar de buena manera.

¿Es más fácil sortear esta crisis siendo sustentables y orgánicos?

Sin duda que sí. Para explicar un poco, la producción orgánica, desde nuestra mirada, es una regulación, tiene que ver con qué prácticas y qué insumos puedes utilizar que sean beneficiosos para el medio ambiente, que no generen impacto negativo ni en la salud de las personas ni en los ecosistemas. No se ocupan productos sintéticos ni genéticamente modificados. 

Hay todo un tema de principios precautorios bien importante y finalmente hay un crecimiento, hay  una mayor demanda, mayor conocimiento de parte de los consumidores, respecto a querer tener productos más sanos y en la medida que este sistema de producción también se vincula a temas sociales, de cambios climático, tiene beneficios directos en eso. Ha hecho que el consumidor final demande estos productos, pero también los importadores, que son las grandes cadenas de supermercados, los clubes de vino.

A nivel mundial, ¿qué porcentaje de las viñas son orgánicas? 

No más de un 3% de la producción agrícola es orgánica. En Chile alrededor de un 5%, depende de las estadísticas que se tomen, todavía no llegamos a la doble cifra. En Europa tienen planes super concretos y tienen la meta de llegar al 2030 con un 30% de producción orgánica y hay países que tienen políticas públicas que están impulsando eso. Estados Unidos también está creciendo fuerte. Nos falta ahí apurar el tranco para ser potencia en ese sentido, tenemos un montón de condiciones para poder hacerlo,

Existe una instancia que es la Comisión Nacional de Agricultura Orgánica, pero en este momento es bien débil la articulación que tenemos. No creo que sea culpa sea ni de unos ni de otros. Al sector privado nos cuesta asociarnos, al público le cuesta visibilizar y coordinar prioridades de repente.  Y si bien existe una ley, con los reglamentos asociados, de producción orgánica, el desarrollo y el fomento no ha sido prioridad en los distintos gobiernos, desde la promoción de la ley.

La huella

¿Cómo conversa la necesidad de reducir la huella de carbono, con tener una producción orgánica?

Lo que hace la huella de carbono es recoger y evaluar todas las prácticas que hacemos. En ese sentido, hay ciertos elementos que se diferencian de una viña tradicional, porque, por ejemplo, todos los fertilizantes que utilizamos son de origen natural, el principal es el compost, que se hace con los mismos residuos que tenemos dentro del proceso, la piel de la uva, las semillas, etc., se recolecta todo. Trabajamos con otras agroindustrias en la zona, generamos compost y lo volvemos a incorporar a la tierra. Hay una disminución de insumos externos, una menor huella.

Ahora hay toda una discusión, y estamos trabajando con la Universidad Católica y la Universidad de Chile, para medir cuáles son las emisiones del suelo. Por ser actividad agrícola ya tienes una emisión asociada al suelo y ahí no te discrimina qué tipo de prácticas haces. Mucho se ha hablado de la agricultura regenerativa y el carbono en el suelo, como sumidero. Creemos que las prácticas ahí, de verdad, son beneficiosas. Nos faltan los datos, estamos trabajando en eso, ahí hay un tema súper importante, en términos de que la huella de carbono, sobre todo en lo que tiene que ver con las emisiones directas, debieran ser más abajas. 

Ahora todo lo que es el despacho del vino, el consumo de electricidad, son otras acciones que no tienen que ver con lo orgánico, sino con una mirada de sustentabilidad un poco más global.

Al tratar los residuos orgánicos y convertirlos en compost, ¿son hoy una empresa cero residuos?

Nos queda muy poco para serlo. Lo que se envía a relleno sanitario son algunas cosas de las oficinas que no se pueden separar. Es lo único que se está enviando. Hay estándares que te dirían sí, somos cero residuos, pero para los estándares nuestros aún nos falta un poco. Reciclamos gran cantidad de material y el gran volumen, casi 2.500 toneladas de residuos orgánicos, se están compostando regularmente, que es el 99,5% de nuestros residuos.

¿Cuál es la meta que tienen para reducir la huella?

Acabamos de hacer pública, en el Mes de laTierra, la estrategia de sustentabilidad de Viña Emiliana, que la llamamos el Futuro es Orgánico. Creemos que todos, de una u otra manera, vamos caminando hacia allá. Dentro de las metas que tenemos: ser parte del Science Based Target al 2030; reduccir en 46% la huella de carbono en relación a 2019, ya la hemos reducido un 18%. Esto es solamente en el ámbito 1 y 2, el scope, 3, que es la gran huella de la industria vitivinícola, no está incluida pero también tenemos compromisos.

¿Cómo están trabajando para reducir la huella en las emisiones de Alcance 3?

Se trata del 75% de nuestra emisiones. Es el transporte, la producción de vidrio, que es super importante, también, intensiva en uso de energía. Ahí trabajamos con los proveedores.

En el tema del transporte se están viendo otras alternativas, dentro de ellas hay algunos países, donde se está enviando el vino a granel y se envasa en destino. Te evitas el transporte de los 300 o 400 grs de cada botella, el volumen que eso ocupa. Hay algunas líneas que van en ese sentido. Hay países que están pidiendo otro tipo de packaging, que nosotros no estamos tan acostumbrados. En Europa el formato de cajas 1,5 o 3 litros, o vino en envases PET. El cambio de packaging es uno de los caminos. No hay una única solución, una sola bala de plata, hay varias acciones que van a ayudar a disminuir esas emisiones.

¿Es hoy principal desafío en términos de sustentabilidad?

Es uno de los temas más importante. Tenemos otro súper crítico, también, que es la gestión del agua. Como sector productivo pasan dos cosas, nos vemos afectados y afectamos el  consumo, por lo tanto la gestión hídrica es un tema sumamente relevante y desafiante no solo para nosotros si no que para toda la industria agrícola del país.

Otro desafío, que pasa un poco como con la huella de carbono, que cuesta ver cómo esto nos afecta en el día a día, es que agricultura es uno de los principales responsables de la crisis de biodiversidad que hay a nivel global, por lo tanto para nosotros es importante poder trabajar más con la naturaleza, buscando soluciones basadas en la naturaleza.

Aquí puedes leer el Manifiesto Orgánico de Viña Emiliana.